“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
domingo, 8 noviembre 2026, 3:38 am

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El reboso de las Cruces es un fenómeno marítimo tradicional que marca el último gran episodio de fuerte oleaje antes de la llegada del verano en Canarias. Coincide en el tiempo con las Cruces de Mayo, una festividad profundamente arraigada en la cultura popular, que tiene su celebración principal el 3 de mayo.
El Sensat, un antiguo paquebote catalán de 164 toneladas, encontró una segunda vida en la playa de Las Canteras tras ser retirado de la navegación en 1928. Fondeado frente a La Puntilla, se convirtió en la singular sede flotante del Club Natación de Las Canteras, presidido por Josefina de la Torre. Escenario de competiciones, bailes y encuentros sociales, el barco terminó varado por un temporal en 1931 y fue desguazado en la propia orilla. La tradición sostiene que algunos de sus restos aún permanecen enterrados bajo la arena de la playa.
En 1991, cuando El Confital presentaba una imagen degradada y alejada del espacio natural que hoy conocemos, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria encargó a César Manrique un ambicioso proyecto para transformar la zona en un gran parque de ocio junto al mar.

La propuesta incluía áreas comerciales, restaurantes, piscinas artificiales, instalaciones deportivas e incluso un campo de golf, pero la muerte del artista lanzaroteño en 1992 impidió que su sueño para El Confital llegara a hacerse realidad.
El 1 de enero de 1965, Amado Rodríguez Viera, de tan solo 19 años, entregó su vida al intentar rescatar a un matrimonio sueco y a su hijo en la peligrosa playa de La Cícer. Su heroico gesto ayudó a salvar vidas, pero él murió ahogado tras luchar durante más de una hora contra el mar, sin que existieran medios de salvamento capaces de auxiliarle. Esta es la historia de un joven cuyo sacrificio merece permanecer para siempre en la memoria de Las Canteras.
En 1951, cuando la ciudad devoraba las últimas dunas de Los Arenales, el Ayuntamiento intentó transformar la playa de Las Canteras cubriendo con arena las rocas y peñas del Muro Marrero y de Los Lisos. Más de un centenar de camiones descargaron áridos para crear una playa más cómoda para los bañistas, pero el mar se encargó rápidamente de deshacer la actuación y devolver la playa a su versión natural. Un episodio poco conocido que demuestra que, en Las Canteras, la naturaleza siempre acaba imponiendo sus propias reglas.
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