“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear” _Jon Kabat-Zinn
miércoles, 22 abril 2026, 5:43 am

Ciencias

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Erizos, estrellas, pepinos de mar, ofiuras y crinoideos parecen criaturas sin relación, pero todos comparten un mismo origen evolutivo. Bajo su asombrosa diversidad se esconde un “kit biológico” común —esqueleto calcáreo, sistema hidráulico y metamorfosis radical— que les ha permitido sobrevivir más de 500 millones de años y colonizar prácticamente todos los ecosistemas marinos.
La pesca de ballenas, que tuvo en el País Vasco uno de sus principales focos en Europa desde la Edad Media, acabó convirtiéndose en una actividad global que marcó la economía y la expansión marítima durante siglos. A medida que las poblaciones de cetáceos disminuían en el Cantábrico, los balleneros vascos extendieron sus rutas hacia el Atlántico norte y América, exportando técnicas que otras potencias adoptaron y perfeccionaron . Con el tiempo, la sobreexplotación llevó a un drástico declive de las especies, impulsando un cambio de mentalidad que culminó en su protección internacional y en la prohibición de una actividad que había sido clave en la historia marítima mundial.
En los océanos y aguas dulces del planeta, los dientes han adoptado las formas más insospechadas: algunos animales carecen por completo de ellos, mientras que otros producen decenas de miles a lo largo de su vida. En el medio acuático, donde la comida puede escapar, flotar o resistirse, la boca se convierte en un laboratorio evolutivo: los dientes son herramientas, armas y, en muchos casos, auténticas piezas de ingeniería biológica.
Imagine tener que aguantar la respiración mientras nada hasta el supermercado, duerme, da a luz o cría a sus hijos. Un escenario imposible que es la realidad cotidiana de ballenas, delfines, focas y manatíes. Estos mamíferos marinos comparten los rasgos fundamentales de todos los mamíferos –pulmones, sangre caliente, pelo (al menos, en alguna etapa de la vida) y leche para alimentar a sus crías–, pero viven en un mundo donde el oxígeno escasea y cada respiración debe ser gestionada de manera consciente
Un nuevo estudio publicado en PNAS alerta del elevado porcentaje de macroplásticos en la fauna marina: un 35 % de las aves, un 12 % de los mamíferos y un 47 % de las tortugas analizados habían ingerido estos materiales. Aunque la mortalidad directa es baja, ciertos plásticos resultan especialmente dañinos y afectan a especies de la Lista Roja de la UICN.
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