“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
miércoles, 16 septiembre 2026, 10:52 am

Meteorología

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El planeta acaba de vivir un agosto para la historia. Agosto de 2026 se ha convertido en el más cálido jamás registrado, con una temperatura media global de 16,96 °C, y se sitúa prácticamente al mismo nivel que el récord absoluto alcanzado en julio de 2023. Un nuevo dato que vuelve a poner el calentamiento del planeta en el centro de la actualidad climática.
Septiembre para los isleños es el mes de las mareas grandes, conocidas popularmente como mareas del Pino o mareas equinocciales. Este 2026 tendremos dos ciclos especialmente destacados, en torno al 11 y al 26 de septiembre, con importantes diferencias entre las pleamares y las bajamares. La altura de las mareas será solo uno de los ingredientes: para que Las Canteras ofrezca el espectáculo de otros años habrá que esperar también a conocer la fuerza con la que llegará el mar.
La tarde del 28 de noviembre de 2005 quedará grabada para siempre en la historia reciente de Canarias. Aquel día, la tormenta tropical Delta desencadenó un episodio meteorológico que marcó un antes y un después en la percepción del riesgo climático en el Archipiélago. Uno de los símbolos más heridos por aquel temporal fue el emblemático Dedo de Dios, en Agaete.
La calima se ha convertido en un fenómeno casi cotidiano en Canarias, alterando la vida diaria de sus habitantes, reduciendo la calidad del aire y afectando a sectores clave como la salud pública y el turismo. Aunque siempre ha existido la llegada de polvo sahariano al Archipiélago, diversos estudios y observaciones meteorológicas confirman que los episodios son ahora más frecuentes e intensos.
La investigación paleoclimática está desenterrando secretos fascinantes sobre la historia ambiental de las Islas Canarias, y uno de los hallazgos más destacados es la confirmación de que la calima, ese fenómeno de polvo sahariano que tanto afecta a la vida en el archipiélago, es un evento que ha acompañado a las islas durante milenios. Lejos de ser una novedad, la calima tiene una profunda huella en el subsuelo canario, ofreciendo una perspectiva única sobre su frecuencia e intensidad a lo largo del tiempo.
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