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20 años de la tormenta tropical Delta

La tarde del 28 de noviembre de 2005 quedará grabada para siempre en la historia reciente de Canarias. Aquel día, la tormenta tropical Delta desencadenó un episodio meteorológico que marcó un antes y un después en la percepción del riesgo climático en el Archipiélago. Uno de los símbolos más heridos por aquel temporal fue el emblemático Dedo de Dios, en Agaete.

Las rachas extraordinarias del temporal, sumadas al fuerte oleaje, desprendieron la parte superior del monumento. La imagen es recordada por todos: la aguja pétrea que parecía señalar al cielo y que había sido inmortalizada en fotografías, pinturas y relatos desapareció en cuestión de segundos.

Este mes se cumplen 20 años de la tormenta tropical Delta, uno de los episodios meteorológicos más significativos y recordados en la historia reciente de Canarias. A finales de noviembre de 2005, el archipiélago vivió un fenómeno atípico: la llegada de un sistema tropical con vientos huracanados, marejadas excepcionales y daños que marcaron a toda una generación.

La tormenta no impacta de forma directa sobre las islas, pero su cercanía y evolución hacia un ciclón extratropical genera un temporal devastador, especialmente en las islas orientales y centrales. El viento alcanza rachas históricas -212 km/h en Izaña (Tenerife), 152 km/h en La Palma, más de 140 km/h en Gran Canaria- convirtiéndose en uno de los temporales de viento más intensos nunca registrados en el archipiélago.

Delta llegó a las islas como un sistema atípico: no era un huracán, pero sus vientos sostenidos y rachas -que en algunas zonas superaron los 200 km/h- provocaron daños masivos en infraestructuras, tendidos eléctricos, cubiertas, carreteras y espacios naturales. Canarias, poco acostumbrada a la incidencia directa de ciclones tropicales, vivió una noche de sobresaltos y alarma.

El Centro de Huracanes llega incluso a reconocer que pudo llegar a alcanzar categoría de huracán aunque no lo certifica. Eso hizo que aunque cuando llegó a Canarias ya casi había completado su transición extratropical todavía tuviera intensidad suficiente para producir esos efectos.

Delta provoca también un serio impacto social. Miles de personas pasan la noche sin luz; colegios y centros públicos permanecen cerrados; y la ciudadanía observa, atónita, cómo un fenómeno meteorológico inusual para la latitud de Canarias demuestra su vulnerabilidad ante los ciclones atlánticos.

Veinte años después, Delta sigue siendo un punto de inflexión en la cultura de prevención y respuesta ante emergencias en las islas. Supuso una mejora en los planes de protección civil, en los sistemas de alerta temprana y en la forma en que se evalúan los riesgos meteorológicos asociados al cambio climático.

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