“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear” _Jon Kabat-Zinn

Opinión

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El previsible aumento de cruceros en el Puerto de Las Palmas debería hacernos reflexionar sobre el estado actual del paseo de Las Canteras: un espacio cada vez más saturado y desordenado, donde la convivencia entre actividad turística y uso ciudadano empieza a resentirse.
«El Paseo y La Playa son vivos y animados; no debemos destruir este espíritu con una política demasiado restringida o burocrática».

En 1989, un extranjero residente en Nueva York, que pasaba largas temporadas en Las Canteras, escribió a la prensa para defender el carácter abierto, festivo y ciudadano de El Paseo, cuestionando decisiones urbanas y reclamando una política amplia y generosa para la playa.
Lo que era -en décadas pasadas- la playa más turística, llena de hamacas y turistas en temporada alta y, en verano, la zona más bulliciosa, con familias y pandillas pasando los días, se ha convertido, en parte, en una gran cancha deportiva donde cientos de deportistas practican actividades sobre la arena.
Con la llegada de 2026, vuelve la reflexión sobre el estado y la gestión de uno de los espacios más valiosos de la ciudad. Las Canteras, playa y paseo, afronta un nuevo año con retos evidentes en ordenación, mantenimiento y cuidado ambiental. ¿Está la gestión a la altura de la verdadera importancia de este enclave para vecinos, visitantes y ciudad?
La rehabilitación del muro de la playa, entre el tramo Marrero y Punta Brava, ha comenzado rodeada de polémica. Las primeras actuaciones de la empresa adjudicataria han provocado indignación entre los usuarios al llenar la arena de cascarillas de pintura durante el lijado. Una intervención que debía ser cuidadosa amenaza con convertirse en otro ejemplo de las chapuzas que Las Canteras lleva soportando desde hace décadas.
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