“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
martes, 18 agosto 2026, 9:58 am

La playa de Las Canteras de la A a la Z

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Detrás de cada ola de La Cícer hay mucho más que agua y espuma. Durante décadas, varias generaciones de surfistas han ido bautizando los distintos picos o spots donde rompen las olas, creando una toponimia propia que forma parte de la historia y de la identidad de esta emblemática playa. En este artículo recopilamos el origen de algunos de esos nombres, fruto de las vivencias de quienes han hecho del surf un modo de entender La Cícer.
Bajo la arena de la Playa Grande descansan antiguas peñas que durante décadas formaron parte del paisaje cotidiano de Las Canteras. El Pico, El Trampolín, Las Cangrejillas o El Suceso fueron puntos de juego, pesca y encuentro, hoy casi olvidados por la acumulación de arena que ha transformado este tramo de la orilla canterana.
La Barra Amarilla, también conocida como Barra de La Cícer, es el arrecife más erosionado del arco central de Las Canteras. Con un topónimo documentado desde el siglo XIX y un paisaje moldeado por el oleaje, sus canales, rajones y charcos intermareales la convierten en un espacio único, refugio de la morena y testigo de curiosas iniciativas como la captación de agua para la central eléctrica de La Cícer en los años 50.
Hasta comienzos del siglo XX, la playa de Las Canteras era conocida como la playa del Arrecife. El nombre hacía justicia a su elemento esencial: la Barra Grande, el dique natural que protege la bahía. Sin este arrecife fósil, la configuración del arenal y del istmo de Santa Catalina sería muy distinta. Historia, geología y memoria popular confluyen sobre sus casi 900 metros de roca y mareas.
Durante décadas, el juego del clavo fue el entretenimiento veraniego por excelencia en la playa de Las Canteras. Las pandillas de jóvenes se reunían tardes enteras para jugar, socializar y medir su destreza clavando un gran clavo en la arena, siguiendo reglas tradicionales como “si cabe o no cabe” y con partidas que iban de “el zapatero” al “chico”. Un clásico legendario de los veranos entre los años 50 y 80.
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