“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
domingo, 8 noviembre 2026, 3:16 am

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Cuatro siglos después de uno de los episodios más violentos vividos por Las Palmas, unas obras en la calle Rosarito sacaron a la luz, en el año 2000, los restos de dos hombres enterrados juntos. Monedas holandesas, una lesión traumática y la singular disposición del enterramiento llevaron a los investigadores hasta una posible conexión con la armada de Pieter van der Does y el ataque de 1599.
La hemeroteca del Diario de Las Palmas nos traslada a 1908 para descubrir cómo era la vida en torno a Las Canteras y la antigua playa del Arrecife. Entre sus páginas encontramos una colección de breves noticias que hablan de los primeros veraneantes, anuncios inmobiliarios, sucesos, quejas vecinales, rescates, actos festivos y otras curiosidades que retratan la evolución de una playa que ya comenzaba a convertirse en uno de los grandes atractivos de la ciudad.
La playa de Las Canteras no solo tiene un paisaje y una biodiversidad únicos; también posee un lenguaje propio forjado por generaciones de playeros. Expresiones como «sebar olas», «hacer el Cristo», «el agua está sopa» o «vienen los rusos» forman parte de un patrimonio popular que aún hoy sobrevive en la memoria de quienes han vivido la playa como una forma de vida.
En 1934, el cardenal Eugenio Pacelli —futuro Papa Pío XII— hizo escala en Gran Canaria durante su viaje hacia y desde Buenos Aires. Aquella visita oficial, ampliamente recogida por la prensa de la época, dejó también un recuerdo íntimo en la memoria de Las Canteras: el instante en que el alto dignatario se detuvo a contemplar la playa ante la mirada de una niña que lo recordaría toda su vida.
La playa de Las Canteras, símbolo natural y social de la capital grancanaria, ha estado en varias ocasiones al borde de una transformación radical. En los años noventa, un proyecto para construir diques en La Cícer amenazó con alterar de forma irreversible su dinámica natural y acabar con su oleaje. La respuesta ciudadana fue inmediata: protestas, manifestaciones y una firme defensa del litoral lograron detener la intervención y preservar la esencia de la playa.
Durante décadas, el juego del clavo fue el entretenimiento veraniego por excelencia en la playa de Las Canteras. Las pandillas de jóvenes se reunían tardes enteras para jugar, socializar y medir su destreza clavando un gran clavo en la arena, siguiendo reglas tradicionales como “si cabe o no cabe” y con partidas que iban de “el zapatero” al “chico”. Un clásico legendario de los veranos entre los años 50 y 80.
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