Foto de portada: A finales del siglo XIX, y a pesar de las imparables obras portuarias, aún se podía distinguir la playa de La Luz entre las construcciones.
Sobre su arena, una luminosa mañana -según relatan las crónicas-, el 24 de junio de 1478, solsticio de verano, caminó por primera vez sobre la isla el capitán castellano Juan Rejón, al mando de las tropas que llegaban para emprender la conquista de Gran Canaria por mandato de los Reyes Católicos, tras haber arribado horas antes las naves a la tranquila bahía de Las Isletas.
Allí mismo, sobre aquella arena virgen, el Deán Bermúdez celebró la primera misa en honor a San Juan Bautista, coincidiendo con la festividad del día.
Horas más tarde la expedición estableció un campamento militar a varios kilómetros de la playa, que posteriormente dio origen al Real de Las Palmas, germen de la ciudad actual.
En 1595, en la bahía de La Luz, tuvo lugar la conocida batalla de La Naval. Los milicianos, comandados por el gobernador Alonso de Alvarado y su teniente Antonio Pamochamoso, defendieron la ciudad desde la playa, con el apoyo de los cañonazos de los castillos de La Luz y Santa Ana, logrando repeler el asalto del corsario sir Francis Drake, el cual estaba acompañado por otro ilustre pirata, John Hawkins.
El corsario inglés, al mando de 27 embarcaciones y unos 3.000 hombres, pretendía atacar la ciudad para aprovisionarse de recursos y suministros en su camino hacia el Caribe.
En la playa de La Luz, el 26 de junio de 1599, desembarcó el vicealmirante neerlandés Pieter van der Does con un numeroso ejército dispuesto a conquistar Gran Canaria. Sin embargo, días más tarde, por esa misma playa, Van der Does tuvo que reembarcarse herido, con sus tropas diezmadas y derrotadas, tras la feroz resistencia ofrecida por los isleños.
Antes y en los años posteriores a la conquista de Gran Canaria, no es difícil deducir que la playa de La Luz fue testigo de arribadas sigilosas de todo tipo de expediciones, ya fueran piratas o comerciales.
Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, su arena presenció numerosos desembarcos, tanto de personajes ilustres -civiles, militares o eclesiásticos- como de personas humildes, especialmente cuando el muelle de San Telmo sufría los embates de fuertes olas y vientos, que hacían imposible el desembarco de personas y mercancías.
El principio del fin de la playa de La Luz comenzó en la década de 1850, cuando los temporales y los rebosos destrozaron el único muelle hasta entonces de la ciudad, el muelle de San Telmo.
Fue tal la desmoralización de los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria que pronto todos fijaron su atención en aquella bahía calmada, resguardada y solitaria de La Luz, a los pies de La Isleta como destino del nuevo puerto.
Por aquellos mediados de los años 50 del siglo XIX, la playa de La Luz aún se mantenía casi intacta, alterada únicamente por la llegada de los barcos a su bahía y el posterior desembarco, o por el trajín de los pescadores y gentes de la mar que se habían establecido a los pies de la fortaleza de La Luz y de la ermita del mismo nombre.
La primera piedra del Puerto de La Luz y de Las Palmas, proyecto diseñado por el ingeniero teldense Juan de León y Castillo, fue colocada el 26 de febrero de 1883 por la empresa británica Swanston, bajo el lema «God bless our work». Este evento marcó el inicio de la construcción de la infraestructura portuaria más importante del archipiélago y el fin de la playa de La Luz.
Para quienes hoy viven en la ciudad y para las generaciones venideras, será difícil imaginar y situar la playa de La Luz, un arenal que, junto a la playa del Arrecife -hoy Las Canteras- y el istmo, componía un delicado y único sistema dunar, impresionante e irrepetible.


