¨Escucho las olas que golpean la orilla, y en su sonido encuentro paz¨- William Butler Yeats

El juego del clavo: el entretenimiento playero de las pandillas en los veranos de antaño

Jugando al clavo en una tarde, víspera de San Juan, en la zona de la Peña la Vieja, en el año 2017.
Durante décadas, el juego del clavo fue el entretenimiento veraniego por excelencia en la playa de Las Canteras. Las pandillas de jóvenes se reunían tardes enteras para jugar, socializar y medir su destreza clavando un gran clavo en la arena, siguiendo reglas tradicionales como “si cabe o no cabe” y con partidas que iban de “el zapatero” al “chico”. Un clásico legendario de los veranos entre los años 50 y 80.

Durante muchos, muchos años, el juego del clavo fue el juego del verano. Las pandillas de jóvenes se reunían en las tardes veraniegas en torno a este entretenimiento para jugar horas y horas. No había mejor forma de mantener contacto visual con la chica o el chico que te gustaba que jugando al clavo.

En aquellos felices años – entre los 50 y 80- sin móviles ni redes sociales, para hacer vida social y conocer amigas y amigos en verano, en la playa de Las Canteras solo te quedaba jugar al burro, al fútbol o al clavo.

El clavo se jugaba con un gran clavo, de aproximadamente 20 cm,. Por entonces se solía comprar en las ferreterías del barrio. Me imagino que aún se pueden conseguir, aunque ya nadie juega a este legendario juego playero.

Jugando al clavo


«Clavo de disputas por ver si la cabeza tocaba la arena, en cuyo caso no valía; clavo de digestiones de dos horas y media antes de volver al agua; clavo de entretenimiento cuando las madres, viendo los ojos llenos de salitre de los más pequeños, obligaban a descansar un rato en la arena; clavo de atardeceres sobre la arena fría; clavo de amigos y más amigos en ese enorme parque que siempre fue Las Canteras.»

El juego es muy sencillo: consiste en realizar una serie de figuras (mañas) con la enorme tacha y conseguir que termine clavada en la arena, con la cabeza en el aire. Basta con que la cabeza del clavo no roce la arena; de ahí lo de “si cabe o no cabe”, una de sus frases más emblemáticas. A menudo, el espacio es tan mínimo que el jugador debe tumbar su propia cabeza, pegándola a la arena, para averiguar si cabe o no cabe.

Mañas del juego del clavo

Si no falla, el jugador continúa el recorrido, maña a maña, hasta ganar finalmente la partida acordada. El reglamento tiene sus particularidades: “Si pierdes en los cuernos, vuelves a empezar; pero si pierdes en la cabeza, regresas a los cuernos”.

Así, paso a paso, maña a maña —la tirolina, la pajarita, los cuernos, con el riesgo de fallar y volver al principio—, la mano, el hombro, la cabeza, la piscina… hasta apuntarse “el chico” en el muslo moreno de los días de verano.

La partida completa sin fallos se llama hacer “el zapatero” y vale cinco puntos. Si has perdido una vez, “el remendero” y cuenta dos puntos, y así hasta “el chico”, que vale uno.

Si fallas una maña, el turno le corresponde a otro jugador, todos sentados en círculo viendo cómo los demás juegan sus mañas, esperando pacientemente que fallen, para volver a tener otra oportunidad de acabar la serie y ganar la partida.

Entre los años cuarenta y los setenta y pico del siglo pasado no había chiquillo en Las Canteras que no llevara un clavo entre sus trastos al bajar a la playa.

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