Vicente Girona, nacido en 1952, pertenece a esa generación fundacional que, a mediados de los años sesenta, tuvo el primer contacto con los surfistas americanos y australianos que comenzaron a llegar a las playas de Las Canteras y El Confital. En un tiempo en el que el surf era todavía una rareza absoluta en las islas, él formó parte de aquellos jóvenes que descubrieron una nueva forma de entender las olas, cuando no había prácticamente nada: ni tablas, ni material, ni referencias.
La historia del surf en Canarias lo sitúa entre los pioneros de Gran Canaria, junto a nombres esenciales como José Codorniú, Manolo “Yinclan”, Jesús Sierra o Alberto Jiménez, entre otros. Un pequeño grupo que, en torno a 1968, dio forma a los primeros pasos de la cultura surfera en la isla.
En la memoria de muchos veteranos permanece su imagen: un chico alto, de pelo rubio aclarado por el sol, saliendo del agua con la tabla bajo el brazo. “Fue el primer surfero que vi con una tabla bajo el brazo”, recuerdan compañeros de aquella época, evocando una escena casi fundacional, cuando el surf todavía no tenía identidad propia en la isla.
Vicente Girona formó parte de ese grupo que acabaría dando forma al primer movimiento organizado del surf en Canarias, germen del histórico Club Guanarteme, creado en 1973 en Las Palmas de Gran Canaria, considerado el primer club de surf del archipiélago.

Desde aquellos años iniciales, su vida estuvo profundamente ligada al mar. Fue surfista, impulsor de la cultura surfera local y propietario de una de las primeras tiendas de surf de la ciudad, en un tiempo en el que todo era todavía artesanal, improvisado y profundamente vocacional. El surf no era entonces un deporte organizado, sino descubrimiento, comunidad y una forma distinta de habitar el Atlántico.
Quienes lo conocieron coinciden en una idea: Vicente Girona respiraba surf en cada gesto. Formaba parte de esa estirpe de pioneros que no solo se subieron a una tabla, sino que ayudaron a construir una cultura entera desde cero, cuando La Cícer comenzaba a consolidarse como uno de los grandes epicentros del surf europeo.
Tras su desaparición deja un vacío en la memoria viva del surf canario. Pero también deja un legado silencioso: el de aquellos que, sin saberlo, abrieron el camino para que generaciones enteras aprendieran a conocer el mar y su fuerza desde La Cícer o El Confital.

Antes de las escuelas y de las competiciones locales e internacionales, hubo nombres como el suyo que sentaron las bases de este maravilloso deporte que hoy practican miles de canarios. Hasta siempre, querido Vicente.
T/A
Descubre más desde www.miplayadelascanteras.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



6 comentarios
Javi Cañas
23 de abril de 2026Grande Girona…por todas esas historias, anécdotas y buenos momentos de olas y Mar.
Armando Montesdeoca Díaz
22 de abril de 2026Que la tierra te sea leve amigo.
Jose
22 de abril de 2026Recuerdos del puretilla chico allá donde estés gran persona y unos de los pilares del surf en Canarias a ver si el ayuntamiento le pone alguna estatua en la cicer estaría bien merecida
Roger J Tout
21 de abril de 2026hombre grande… gran hombre!!!
Alfonso
21 de abril de 2026Mi más sentido pésame, descanse en paz
Juan Cardoso
20 de abril de 2026Serás surfer hasta en la eternidad, hasta siempre hermano de agua.