“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
jueves, 17 septiembre 2026, 12:29 pm

Vivencias

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Las vacaciones de verano de 1954 comenzaban para mí el día de San Juan. Desde entonces, cada jornada tenía un mismo destino: la playa de Las Canteras. Después de terminar las tareas de casa que mi madre me imponía como condición, salía corriendo hacia La Puntilla con el bañador puesto, deseando llegar al mar. Allí me esperaba el agua, las amigas del colegio, los juegos en la arena y aquellos interminables baños que marcaban los veranos de nuestra juventud. Son recuerdos sencillos, pero profundamente felices, de una época en la que la playa era el centro de nuestra vida.
Mi querida playa vine al mundo en 1923 y desde los 2 años me empezaron a llevar a la playa hasta lo 19 que me case no deje de ir ni un solo día mañana y tarde, mis abuelos vivían en la calle Tenerife y la arena llegaba hasta la puerta de la casa, hablo de antes de hacerse la avenida, que se inauguró en el año 39.
El Tai Chi ayuda a tener el corazón tranquilo. Con movimientos suaves, precisos y profundamente conectados con la naturaleza, el maestro Ye Ying ha convertido la playa de Las Canteras en su espacio de enseñanza y contemplación. Al amanecer, en Playa Chica, su figura vestida con un kimono color marfil traza en la arena una secuencia de gestos que evocan la armonía entre cuerpo y mente. A sus 24 años, este joven instructor llegado desde China transmite mucho más que una disciplina física: propone una forma de entender la vida basada en el equilibrio, la serenidad y la búsqueda de una conciencia interior que contrasta con el ritmo acelerado de la sociedad actual.
“Mi casa daba al mar. Ese mar se metía en mi casa y allí vivíamos felices con el salitre y el ruido de las olas”. Con estas palabras, Marion Cavani evoca una infancia irrepetible en el desaparecido edificio de Italcable, situado en primera línea de la playa de Las Canteras, a la altura de la calle Gravina. Hija del director de la compañía, recuerda una casa donde el mar formaba parte de la vida cotidiana y que, además de hogar familiar, fue una pieza clave de las comunicaciones telegráficas submarinas entre Canarias. Su testimonio rescata la memoria de un edificio emblemático que desapareció para siempre del paisaje de Punta Brava.
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