“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón
lunes, 17 agosto 2026, 11:59 pm

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En 1991, cuando El Confital presentaba una imagen degradada y alejada del espacio natural que hoy conocemos, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria encargó a César Manrique un ambicioso proyecto para transformar la zona en un gran parque de ocio junto al mar.

La propuesta incluía áreas comerciales, restaurantes, piscinas artificiales, instalaciones deportivas e incluso un campo de golf, pero la muerte del artista lanzaroteño en 1992 impidió que su sueño para El Confital llegara a hacerse realidad.
En 1951, cuando la ciudad devoraba las últimas dunas de Los Arenales, el Ayuntamiento intentó transformar la playa de Las Canteras cubriendo con arena las rocas y peñas del Muro Marrero y de Los Lisos. Más de un centenar de camiones descargaron áridos para crear una playa más cómoda para los bañistas, pero el mar se encargó rápidamente de deshacer la actuación y devolver la playa a su versión natural. Un episodio poco conocido que demuestra que, en Las Canteras, la naturaleza siempre acaba imponiendo sus propias reglas.
Entre el jable de El Confital se esconden vestigios marinos con historia propia. Allí, en la orilla, pueden encontrarse los llamados “ojos de Santa Lucía”, pequeños discos nacarados que, en realidad, son los opérculos de una antigua caracola: la Astraea rugosa. Un molusco que habita en Canarias desde tiempos remotos y que aún hoy sobrevive en los fondos marinos de la bahía de El Confital.
La escritora canaria Rosario Valcárcel convierte la playa de Las Canteras en el escenario de un relato cargado de recuerdos, mar, adolescencia y primeros amores. Un viaje literario a La Cícer y a la playa de los años sesenta, cuando la vida transcurría al ritmo de las mareas y las calles del barrio.
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