En 1951, 100 camiones de arena de Los Arenales cubrieron las peñas del Muro Marrero y Los Lisos

En 1951, cuando la ciudad devoraba las últimas dunas de Los Arenales, el Ayuntamiento intentó transformar la playa de Las Canteras cubriendo con arena las rocas y peñas del Muro Marrero y de Los Lisos. Más de un centenar de camiones descargaron áridos para crear una playa más cómoda para los bañistas, pero el mar se encargó rápidamente de deshacer la actuación y devolver la playa a su versión natural. Un episodio poco conocido que demuestra que, en Las Canteras, la naturaleza siempre acaba imponiendo sus propias reglas.
Dunas de Guanarteme en los años 40-50

Corría el año 1951 y la ciudad estaba experimentando un fuerte crecimiento.

Las grandes dunas de arena de las Palmas de Gran Canaria se encaminaban hacia su extinción engullidas por una ciudad que no dejaba de crecer.

Al mismo tiempo que la ciudad crecía, la playa de Las Canteras comenzaba a ganar popularidad entre los habitantes de la capital y era cada año más frecuentada. Los baños de mar se estaban convirtiendo en una práctica cada vez más habitual.

Aquella playa del año 1951, con sus rocas y peñas, causaba “incomodidades” a los nuevos playeros, que en verano visitaban Las Canteras.

«…y llegó la reacción municipal ante las molestias causadas por las peñas. «¿Por qué no echamos arena de Los Arenales en el Muro Marrero y en la zona de Los Lisos y así tapamos esas rocas tan ‘molestas’?» se preguntó el alcalde de la época, Francisco Hernández González.

Se vertieron más de un centenar de camiones de arena procedente de Los Arenales y de la zona de la Iglesia del Pino sobre el entorno del Muro Marrero y Los Lisos. Sin embargo, aquella actuación duró poco. El primer reboso de cierta intensidad arrastró la arena hasta los mismos lugares donde hoy siguen depositándola los temporales, y las zonas intervenidas recuperaron rápidamente su aspecto original, con las rocas naturales de nuevo al descubierto.

Aquella arena de Los Arenales, devuelta por el capricho del ser humano a sus antiguos dominios playeros, ya no regresó hacia naciente como lo había hecho durante siglos, impulsada por los alisios. El istmo había cambiado para siempre y el crecimiento de la ciudad impedía ya el libre tránsito de los áridos transportados por los vientos dominantes.

Los chiquillos de aquella época se lo pasaron «en grande» picándose con las púas de las tuneras que venían revueltas con la arena. Sin contar con las larvas de otros bichillos que ya habitaban en las dunas de Los Arenales.

El desaparecido sistema dunar de Las Palmas de Gran Canaria
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