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Los ojos de Santa Lucía: el tesoro que oculta la orilla de El Confital

Entre el jable de El Confital se esconden vestigios marinos con historia propia. Allí, en la orilla, pueden encontrarse los llamados “ojos de Santa Lucía”, pequeños discos nacarados que, en realidad, son los opérculos de una antigua caracola: la Astraea rugosa. Un molusco que habita en Canarias desde tiempos remotos y que aún hoy sobrevive en los fondos marinos de la bahía de El Confital.

La orilla de la playa de El Confital guarda un tesoro de épocas remotas.

Si eres buen observador, entre el jable de la playa de El Confital podrás descubrir los bellos “ojos de Santa Lucía”.

Los ojos de Santa Lucía son los opérculos de la caracola rugosa (Bolma o Astraea rugosa).

La Astraea rugosa nos acompaña desde épocas prehistóricas; fue abundante entre el Plioceno y el Pleistoceno y aún hoy habita en los mares canarios, incluida la bahía de El Confital.

Esta caracola vive sobre sustratos rocosos de blanquizales o en fondos detríticos de algas calcáreas, como los que existen en el entorno de El Confital.

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Los opérculos de este molusco, conocidos como nuestros “ojos de Santa Lucía”, han sido desde tiempos inmemoriales elementos de gran valor ornamental, utilizados en joyería y en la confección de abalorios. Se han hallado ánforas romanas repletas de estos opérculos.

En algunas culturas, encontrar un ojo de Santa Lucía se consideraba un presagio de amor y felicidad. Además, llevar uno de estos hermosos opérculos se creía que protegía contra el mal de ojo. Existen referencias bibliográficas que los relacionan con la imagen de la Virgen María.

Los ojos de Santa Lucía son uno de los tesoros de nuestro entorno más cercano: la maravillosa bahía de El Confital.

Para saber más:

El opérculo es una placa que se desarrolla en la parte dorsal y posterior del pie de la caracola y que sirve para cerrar la abertura cuando el animal se retrae en el interior, constituyendo una auténtica “puerta” que impide el acceso por la zona más vulnerable.

El opérculo es característico de cada especie y puede servir perfectamente para distinguir unas de otras.

Según el material de construcción utilizado puede ser córneo (orgánico) o calcáreo, en cuyo caso su composición es similar a la de la concha. Además su crecimiento puede ser espiral o concéntrico.

Algunos opérculos, como los de la Astraea rugosa o del Turbo marmoratum poseen un indudable atractivo y han llegado a ser utilizados en joyería.

Fuente: varios Autores

Fotos: www.conchology.be

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1 comentario

  1. Juan jose
    6 de septiembre de 2024

    No és x menos. No sé de donde son originarias. Pero en Palma de Mallorca hay muchas también y enormes x Indonesia, Sumatr etc…

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