La playa de Las Canteras ha sufrido, a lo largo de su historia, múltiples agresiones -o intentos de alterarla de forma irreversible- impulsadas por decisiones humanas, a menudo desde el ámbito político, donde se han tomado decisiones desde los despachos sin una visión sostenible, natural y de futuro.
Una de las amenazas más graves fue la intención de construir diques en la zona de La Cícer con el objetivo de calmar el oleaje y hacer crecer la zona de playa. Basta imaginar las consecuencias: la desaparición de las olas y el fin del surf, así como una pérdida radical del equilibrio natural de la playa de Las Canteras.

Este proyecto de intervención en la playa de Guanarteme se planteó en dos ocasiones. La primera, hacia 1978, promovida por la Asociación de Vecinos del distrito de Santa Catalina, no llegó a prosperar. Sin embargo, la tentativa más preocupante se produjo en los años noventa, cuando la Dirección General de Costas propuso la construcción de dos diques perpendiculares a la orilla, en Punta Brava y Los Muellitos. El objetivo era favorecer la acumulación de arena en La Cícer, pero el coste habría sido altísimo: la desaparición del oleaje en la zona y, lo que es aún más dañino, una alteración irreversible de la dinámica sedimentaria de toda la playa. Las consecuencias habrían sido, con toda probabilidad, catastróficas.

Frente a este escenario, la reacción ciudadana fue contundente. La movilización masiva de la comunidad surfera, junto a colectivos sociales, intelectuales y numerosos usuarios habituales de la playa, se tradujo en meses de protestas y manifestaciones en defensa de Las Canteras a lo largo del paseo y de la playa. Aquella presión social logró frenar el alocado proyecto. Una vez más, Las Canteras fue salvada por los playeros.



