Publicidad
¨El océano conmueve el corazón, inspira la imaginación y aporta alegría eterna al alma¨.Wyland

Artículo científico

Publicidad
En los océanos y aguas dulces del planeta, los dientes han adoptado las formas más insospechadas: algunos animales carecen por completo de ellos, mientras que otros producen decenas de miles a lo largo de su vida. En el medio acuático, donde la comida puede escapar, flotar o resistirse, la boca se convierte en un laboratorio evolutivo: los dientes son herramientas, armas y, en muchos casos, auténticas piezas de ingeniería biológica.
Un nuevo estudio publicado en PNAS alerta del elevado porcentaje de macroplásticos en la fauna marina: un 35 % de las aves, un 12 % de los mamíferos y un 47 % de las tortugas analizados habían ingerido estos materiales. Aunque la mortalidad directa es baja, ciertos plásticos resultan especialmente dañinos y afectan a especies de la Lista Roja de la UICN.
Los ingenieros más pequeños del océano, el plancton calcificador, regulan silenciosamente el termostato de la Tierra mediante la captura y el reciclaje del carbono. Una nueva investigación internacional, liderada por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona, revela que estos organismos están representados de forma excesivamente simplificada en los modelos climáticos que se utilizan para predecir el futuro de nuestro planeta.
Cada año, más de mil millones de peces son capturados o criados en Europa para el consumo humano. Son parte esencial de la alimentación, de las mesas, supermercados y recetas tradicionales. Sin embargo, a diferencia de otros animales de granja como las vacas, cerdos o gallinas, su bienestar sigue siendo una asignatura pendiente. Y no por falta de consumo, sino por una larga historia de ignorancia y desinterés.
Las olas de calor marinas, períodos de calentamiento extremo del océano que duran días o meses, han duplicado su frecuencia y duración desde 1982. Estos eventos invisibles están remodelando los ecosistemas marinos de todo el mundo. Sus efectos ya se sienten desde la Gran Barrera de Coral hasta los bancos marisqueros del noroeste de España.
Uno de los primeros oceanógrafos, sir Alister Hardy, comparaba nuestro conocimiento de la vida en el mar con el que podría tener un extraterrestre que, en una Tierra cubierta de nubes, dejara caer una red para hacerse una idea de la ecología del planeta. Cuando la red fuera izada, tan sólo algún insecto y algunas hojas llegarían a su nave espacial. Bueno, nuestro querido Alister hablaba de un globo aerostático, pero podemos imaginamos a un alienígena tecnológicamente más avanzado.
Publicidad
Comparte
error: Contenido protegido con derechos de autor©