“ El mar cura todos los males del hombre.” – Platón

Artículo científico

Publicidad
Erizos, estrellas, pepinos de mar, ofiuras y crinoideos parecen criaturas sin relación, pero todos comparten un mismo origen evolutivo. Bajo su asombrosa diversidad se esconde un “kit biológico” común —esqueleto calcáreo, sistema hidráulico y metamorfosis radical— que les ha permitido sobrevivir más de 500 millones de años y colonizar prácticamente todos los ecosistemas marinos.
En los océanos y aguas dulces del planeta, los dientes han adoptado las formas más insospechadas: algunos animales carecen por completo de ellos, mientras que otros producen decenas de miles a lo largo de su vida. En el medio acuático, donde la comida puede escapar, flotar o resistirse, la boca se convierte en un laboratorio evolutivo: los dientes son herramientas, armas y, en muchos casos, auténticas piezas de ingeniería biológica.
Un nuevo estudio publicado en PNAS alerta del elevado porcentaje de macroplásticos en la fauna marina: un 35 % de las aves, un 12 % de los mamíferos y un 47 % de las tortugas analizados habían ingerido estos materiales. Aunque la mortalidad directa es baja, ciertos plásticos resultan especialmente dañinos y afectan a especies de la Lista Roja de la UICN.
Los ingenieros más pequeños del océano, el plancton calcificador, regulan silenciosamente el termostato de la Tierra mediante la captura y el reciclaje del carbono. Una nueva investigación internacional, liderada por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona, revela que estos organismos están representados de forma excesivamente simplificada en los modelos climáticos que se utilizan para predecir el futuro de nuestro planeta.
Publicidad
Comparte
error: Contenido protegido con derechos de autor©