Cuando pensamos en los efectos del cambio climático en el mar, solemos imaginar corales blanqueados, especies de peces desplazándose hacia aguas más frías o el aumento del nivel del mar. Sin embargo, uno de los cambios más profundos está ocurriendo a una escala casi invisible: en el zooplancton, un conjunto de pequeños organismos que flotan en la columna de agua y sostienen buena parte de la vida marina.
Aunque apenas se perciban a simple vista, estos seres reaccionan con rapidez a las variaciones ambientales. Por ello, funcionan como indicadores especialmente sensibles del estado de los ecosistemas marinos y de los efectos del calentamiento global. De hecho, las comunidades planctónicas ya están mostrando respuestas detectables a eventos extremos como las olas de calor marinas, con consecuencias potenciales para toda la red trófica oceánica.
La base invisible de la red trófica marina
El zooplancton ocupa una posición clave en los océanos: conecta la producción primaria del fitoplancton –diminutos seres vivos fotosintéticos– con niveles tróficos superiores como peces, aves y mamíferos marinos. Por su abundancia, destacan unos pequeños crustáceos, los copépodos, que dominan gran parte de las comunidades planctónicas marinas y reflejan con gran sensibilidad las condiciones ambientales.
En un estudio realizado en el Atlántico subtropical y en aguas canarias se evidenció que la diversidad y la estructura de las comunidades de copépodos varían de forma significativa en función de las condiciones oceanográficas locales, incluso dentro de áreas marinas protegidas. De manera concordante, se han descrito resultados similares en sistemas costeros de reciente formación, como los deltas lávicos, donde la dinámica del zooplancton responde rápidamente a cambios físicos y ambientales.
Además, trabajos recientes muestran que la variabilidad temporal del zooplancton puede estar modulada por patrones naturales como el ciclo lunar, lo que refuerza su utilidad como indicador integrador del funcionamiento del ecosistema.
El zooplancton como indicador del cambio climático
El aumento de la temperatura del océano, la acidificación y las alteraciones en la circulación marina están modificando la composición y la distribución del zooplancton a escala global, tal y como recoge la tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas. Muchas especies sobreviven en rangos térmicos estrechos, por lo que el calentamiento del agua afecta directamente a su supervivencia y a sus ciclos reproductivos.
En regiones como Canarias, los cambios observados en la estructura de las comunidades planctónicas sugieren que las especies más sensibles están siendo progresivamente sustituidas por otras más tolerantes al calor. Esto supone, además, una posible reducción de la diversidad del ecosistema.

Olas de calor marinas y respuestas biológicas
Las olas de calor marinas no solo afectan al zooplancton. Episodios prolongados de temperaturas anómalamente altas pueden alterar el comportamiento, la fisiología y la distribución de numerosos organismos marinos, amplificando los efectos del cambio climático en los ecosistemas costeros.
En el Atlántico oriental, se ha observado que el cangrejo azul responde de forma especialmente sensible a estos eventos térmicos extremos. Estudios recientes muestran que el desarrollo embrionario de esta especie presenta límites térmicos superiores claros, que podrían verse superados bajo escenarios de calentamiento futuro.
Otro trabajo indica que la tolerancia fisiológica de este animal a factores ambientales como la salinidad contribuye a su capacidad de adaptación y expansión en nuevos ambientes.
Estos resultados confirman que las olas de calor marinas actúan como factores de estrés agudos, capaces de modificar rápidamente las poblaciones de crustáceos y de favorecer especies más tolerantes al calor frente a otras menos resilientes.












