Geografías de hormigón

La Punta del Confital acoge un pequeño complejo defensivo, con tres búnkeres construidos durante la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad abandonados, que otorgan valor a una zona cubierta de importantes vestigios.

En uno de los capítulos de su libro Descubriendo el paisaje autóctono (1984), “El paisaje visto por los militares”, John Brinckerhoff Jackson, pionero del estudio del paisaje cultural, evoca su visión del territorio alemán, en donde había penetrado hacia el final de la Segunda Guerra Mundial como oficial de inteligencia del Ejército norteamericano: “De día, dice, era muy consciente de sus ruinas, de su destrucción y de la miseria invernal que nos rodeaba; pero de noche, cuando trabajaba en el informe del G- 2, me transportaba a un paisaje totalmente diferente, un paisaje clásico, de lugares y de habitantes claramente definidos, todos con un interés colectivo”. Y, más adelante, afirma: “Todos los paisajes, de cualquier tamaño o antigüedad, tienen un estilo propio, un estilo de la época”. Apenas dos o tres años antes de que el geógrafo irrumpiera en una Alemania que estaba ya próxima a la derrota, la posibilidad de que España entrara en la guerra al lado del Tercer Reich, que entonces, por el contrario, parecía imbatible, generaba una fortificación del sin precedentes del espacio insular, y especialmente del de Gran Canaria, con la construcción de búnkeres como los tres que integran el pequeño complejo de la Punta del Confital de que se ocupa este artículo. Ahora, merced a herramientas como las que nos ha legado el propio J. B. Jackson, podemos observar esta zona despojada de su función militar y que ha quedado al margen del desarrollo urbano de Las Palmas como un paisaje con un “estilo propio”. Para adentrarse desde la perspectiva histórica en esta época en la que el Archipiélago se situó al borde de aquel abismo de escala global, la referencia indispensable es el libro Canarias indefensa: los proyectos aliados de ocupación de las Islas durante la II Guerra Mundial (2008), de Juan José Díaz Benítez, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Para ensayar nuevas miradas y aproximarse a estos blocaos de la Punta del Confital como paisaje son de una ayuda extraordinaria, además, el arte y la arqueología, saberes en los que se desempeñan, respectivamente, José J* Torres y Artemi Alejandro-Medina. El primero, inmerso en un proyecto sobre la poética topográfica del búnker, vestigio de un conflicto del que no tiene memoria, realizó ex profeso para este medio las fotografías que acompañan a este artículo.

El segundo, arqueólogo, con una tesis en curso en la ULPGC sobre Arqueología del Conflicto, proporcionó claves esenciales sobre el valor patrimonial de estos hitos oscuros que se levantan sobre esta parte poco frecuentada de la geografía insular.

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*Empantanadas a la espera de un acontecimiento que jamás llegó, estas casamatas otorgan al paisaje una cierta corporeidad de presencia al acecho

Trabajo de campo.

Artemi Alejandro-Medina ha trabajado durante una década en una fundación del Reino Unido que se ocupa de la arqueología militar del siglo XX y con ella ha realizado trabajos de campo en Normandía, Verdún, Las Ardenas y otros teatros de operaciones de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. “Cuando menciono estos búnkeres de la Punta de El Confital y, en general cuando hablo de las fortificaciones realizadas en Gran Canaria durante la Segunda Guerra Mundial, en Inglaterra no se comprende que no haya un plan de uso y puesta en valor de todas ellas”, señala Artemi Alejandro, que ha pronunciado recientemente una conferencia en la Universidad de Cambridge sobre la arqueología de los búnkeres de Gran Canaria durante la Segunda Guerra Mundial. El arqueólogo explica a este respecto que “desde 2000 el Reino Unido viene realizando un trabajo de campo encaminado a proteger y rescatar sus fortificaciones de la Segunda Guerra Mundial, que se parecen a las de Canarias no sólo por su tipo de construcción, condicionada por el aislamiento, sino porque se erigieron para un peligro de invasión que nunca llegó a consumarse”. Empantanados, pues, a la espera de un gran acontecimiento que jamás llegó, el más que posible desembarco británico en Gran Canaria en caso de que Franco entrara en la guerra junto a Hitler y tomara Gibraltar, estos tres búnkeres otorgan al paisaje de la Punta del Confital una cierta corporeidad de presencia al acecho, de atención metódica y obsesiva a la vasta exterioridad del mar, por donde habría de llegar el enemigo. Integrado por dos casamatas y un búnker de protección para la batería construidos con hormigón y cantos rodados para el camuflaje, este complejo defensivo es otro jalón más que da su singular espesor al territorio de El Confital en su totalidad. La enorme edad del sustrato geológico, mezcla de erupciones volcánicas y aportes oceánicos, y un yacimiento de conchas fósiles de una era remota, son otros tantos sedimentos de la zona. Con ellos coexisten otros estratos en la historia del suelo: la ruina de una cantera de piedras que funcionó hasta los años cincuenta, los vestigios de un secadero de pescado del XIX y de unas salinas del mismo siglo, otro búnker igualmente abandonado en Punta Salinas y el yacimiento aborigen de las Cuevas de los Canarios, en la montaña de este dominio extraño. “Todos estos aportes hacen de El Confital un paisaje de múltiples capas superpuestas, señala al respecto Artemi Alejandro- Medina, un gran paisaje cultural”

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Sedimentos.

Arqueología como ciencia que estudia la coexistencia en un mismo lugar de sedimentos diversos de tiempo depositados por la cultura, y práctica artística como excavación en el fondo de la visión. No es extraño que en su fascinación por estas fortificaciones encriptadas en el territorio, tanto Artemi Alejandro-Medina como José J. Torres vuelvan una y otra vez sobre Arqueología del búnker (1966) de Paul Virilio. Y es que, junto al texto de J. B. Jackson citado al principio de este artículo, el ensayo de Virilio, el filósofo al que debemos la reinserción de la arquitectura de guerra contemporánea en el discurso cultural fuerte, constituye una lectura indispensable para aprender a mirar como paisaje este conjunto de blocaos de la Punta del Confital a los que finalmente ha derrotado el tiempo.

Nada más pertinente, entonces, que concluir con una cita del filósofo francés que nos ayuda a desenterrar las memorias que permanecen sepultadas en esta geografía de hormigón: “Palacios mayas desprovistos de ventanas y de chimeneas, bosques impenetrables de columnas egipcias, catacumbas, subterráneos ovoides de los cátaros, santuarios vietcong, la morada hermética de Fausto, montañosas minas de cobre suecas o búnker; nuestra visión del arte no hace sino vivir mediocremente de aquello que el poder críptico ha segregado de sí mismo, dos o tres mil años demasiado tarde, gracias a la historia o la arqueología”.

 

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Texto Mariano de Santa Ana.

Fotografías de José J. Torres.

Publicado en LA PROVINCIA el VIERNES, 5 DE JULIO DE 2013.

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