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Entrevista a Emma Pérez-Chacón Espino, Catedrática de Geografía Física por la ULPGC ” En el siglo XIX los habitantes de la ciudad tenían una percepción muy negativa de la arena. Para ellos se trataba de un enemigo contra el que luchar”

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Curriculum resumido.

Nace en Las Palmas de Gran Canaria. Realiza sus estudios de Geografía en la Universidad de La Laguna, y se doctora en “Geografía y Ordenación del Territorio” por la Universidad de Toulouse-Le Mirail (Francia). En la actualidad es Catedrática de Geografía Física por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, donde imparte docencia en materias relacionadas con la Geografía Física y los estudios de paisaje.

Ha publicado numerosos trabajos sobre análisis integrado del paisaje y su aplicación en la planificación territorial, prestando un especial interés a las alteraciones humanas de los sistemas naturales. Ha participando en diversos proyectos de investigación relacionados con la evaluación del potencial del medio físico y el contenido ambiental del planeamiento urbanístico, desarrollando metodologías de diagnóstico territorial.

Es miembro del grupo de investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria “Geografía Física y Medio Ambiente”, donde ha dirigido diversos proyectos de investigación sobre las consecuencias ambientales inducidas por los cambios recientes de los usos del suelo. Los últimos trabajos se centran en el análisis de las alteraciones que el desarrollo turístico ha generado en los sistemas de dunas litorales de Canarias.

1) ¿Qué origen tiene la arena que la playa de Las Canteras? ¿Por qué nos llega tanta cantidad?

La arena de la playa de Las Canteras tiene un origen mixto. Una parte (aproximadamente un 40%) se forma bajo el mar, y procede de los seres vivos: foraminíferos, fragmentos de mallas de algas, moluscos, etc. Son los denominados bioclastos. Otra parte (en torno al 60%) es material terrígeno, aportado por los barrancos y, en menor medida, por la alteración de las rocas de los alrededores. A éstos se les denomina litoclastos.

En el caso de Las Canteras es muy importante el aporte de las mallas de algas rojas. Éstas son unas excelentes fijadoras de carbonato cálcico. Cuando mueren sus restos forman rodolitos, que son los denominados “confites”, a los que la Bahía del Confital debe su nombre.

Por lo que respecta a tu segunda pregunta, llega tanta cantidad de arena porque en la parte sumergida de la playa hay vida marina y, además, porque los barrancos aportan materiales durante los temporales de lluvias. El problema no radica en la cantidad de arena que se forma, sino en que hemos roto el circuito a través del que esa arena se redistribuía. Antes circulaba por el campo de dunas del istmo de Guanarteme y, probablemente, una parte volvía al mar a través de la playa de las Alcaravaneras. Ahora se acumula porque una barrera de edificios impide que circule. Por otra parte, esta cuestión de la acumulación tiene también un matiz, pues la arena no se acumula de la misma forma en toda la playa de Las Canteras: mientras que así lo hace entre la Puntilla y la Playa Chica, ocurre lo contrario hacia la zona donde estaba La Cicer, pues ahí se produce erosión una buena parte del año.

2) En el 2009 tuvo lugar la segunda extracción de arena de la Playa de Las Canteras ¿Crees que ha sido suficiente? ¿Cómo solucionarías el problema que tiene la playa de Las Canteras con la acumulación de arena?

Lo siento, no dispongo de datos para evaluar si ha sido o no suficiente. En cualquier caso, las administraciones implicadas deberían realizar un seguimiento de la playa tras las extracciones, con el fin de evaluar la utilidad de las medidas adoptadas.

Por lo que respecta a la segunda cuestión, podríamos revisar si la acumulación de arena es realmente un problema y por qué. ¿No es más grave, por ejemplo, la destrucción del sebadal? Teniendo en cuenta que los recursos económicos son limitados: ¿a qué se debería dar prioridad en las inversiones? No estoy muy segura de que la relación coste-beneficio sea la adecuada en el caso de las extracciones de arena. Sin embargo, si lo estoy de que invertir en recuperar el sebadal siempre será “rentable”, al menos desde el punto de vista ecológico. En todo caso, si fuese necesario extraer arena de la parte septentrional de la playa, quizá sería más práctico depositarla en aquellas otras zonas que se erosionan estacionalmente, como sucede por ejemplo hacia La Cicer.

3) ¿Cuáles crees que deberían ser las medidas medioambientales a tener en cuenta para intentar proteger la costa de la Bahía de El Confital ante la interferencia de la mano del hombre? ¿Crees que es posible la recuperación de los sebadales en el interior de la dársena?

Los problemas complejos nunca tienen soluciones simples, requieren actuaciones en varios frentes complementarios. La costa de la Bahía de El Confital es un área intensamente intervenida por la actividad humana, por lo que una parte de las actuaciones debería estar orientada a reducir los efectos negativos de esa actividad, o a impedir que aparezcan otros nuevos.

Es necesario controlar la contaminación marina, tanto la que se pueda generar en la zona como en las áreas limítrofes. Pues de la calidad del agua depende el desarrollo de la vida submarina y, de ello, una parte de los sedimentos que alimentan la playa. También habría que evitar cualquier actuación que pudiese alterar la dinámica marina, en especial las que modifiquen la circulación de los sedimentos. Junto a ello, se debería hacer un seguimiento periódico de la costa, no sólo para detectar problemas ambientales, sino también para evaluar la eficacia de medidas que se han ido adoptando y, con sus resultados, reorientar las medidas de gestión. En paralelo, se deberían incentivar las investigaciones sobre este ecosistema, y divulgar los valores de esta zona a través de estrategias de educación ambiental.

Por lo que respecta a la recuperación de los sebadales, creo que es necesario y urgente intentarlo. Hay que invertir en investigación sobre procedimientos para la rehabilitación de estos ecosistemas, pues son esenciales para el desarrollo de la vida en fondos someros, y para el equilibrio dinámico de las playas.

4) ¿Nos podrías explicar el por qué de los tres tipos de arena que tenemos en la bahía de El Confital: arena rubia en gran parte de Las Canteras, negra en la playa de La Cicer y confite en El Confital?

Todo depende de la abundancia de los componentes de la arena. Si predominan los granos de bioclastos (fragmentos de moluscos, de mallas de algas, de equidermos, de briozoos, entre otros muchos organismos marinos con partes duras) las arenas son claras, cremas o blanquecinas. Si abundan los litoclastos (minerales y rocas volcánicas y sedimentarias) la apariencia es de arenas oscuras, grises o negruzcas. Por último, si los sedimentos proceden de la fragmentación de confites, los granos de arena y grava son esencialmente restos de mallas de algas rojas coralináceas.

5) Todos hemos oído hablar de las grandes dunas que iban desde la playa del Arrecife (Las Canteras) hasta las puertas de la ciudad, en San Telmo. ¿Cómo eran, qué superficie tenían, qué problemas les daban a los antiguos habitantes de esta ciudad, etc. ?

Tus preguntas son precisamente los objetivos de un proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación, que nuestro grupo de investigación acaba de obtener. Dirigidos por el Dr. Luis Hernández Calvento, un equipo multidisciplinar intentaremos reconstruir las características del sistema de dunas de Guanarteme, y analizar cómo fue su proceso de destrucción.

Por lo que hemos ido conociendo, se trataba de un sistema dunas completo (ver figura adjunta).

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La playa de Las Canteras funcionaba como el área por la que los sedimentos entraban desde el mar. Tras secarse, circulaban y formaban una duna costera paralela a la playa, constituida posiblemente por dunas en montículo, donde especies vegetales, como Traganum moquinii (balancón), contribuían a su formación. Tras esa duna costera se extendía un campo de dunas libres, algunas de las cuales –según señalan fuentes históricas- podían alcanzar casi 12 metros de altura. Una parte de esos sedimentos se incorporaban nuevamente al mar a través de la playa de Las Alcaravaneras, y otros alcanzaban las puertas de la ciudad decimonónica, donde hoy está la calle Bravo Murillo.

En el siglo XIX los habitantes de la ciudad tenían una percepción muy negativa de la arena. Para ellos se trataba de un enemigo contra el que luchar, pues entre otras cuestiones dificultaba la actividad agrícola en la zona. Este texto de la época lo ilustra de una manera muy clara:

“La Sociedad de Amigos del País de consuno con el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad de Las Palmas no deben poner sus miras solamente en contener las arenas del istmo, no; sus esfuerzos deben ser otros: poner los medios para la completa aniquilación de ellas.”

Fuente: Memoria sobre la roturación del Istmo de Guanarteme por el Presbítero D. Francisco Suárez Romero. Boletín de la Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria, nº 68, 30 de abril de 1868, página 143.

Con este ejemplo podemos constatar como varía, a través del tiempo, el valor que damos a los ecosistemas. Nuestros antepasados no imaginaron la importancia que, un siglo después, le daríamos a la arena, ni el papel que ésta jugaría en una economía basada en el turismo de sol y playa. De igual forma, podría ocurrir que los ecosistemas que hoy deterioramos resultaran fundamentales para la supervivencia de generaciones futuras…

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