La recuerdo con afecto y respeto. Coincidimos en muchas travesías mar abierto y competiciones en piscinas. Siempre sosteníamos una amable conversación. Creo que fue un espejo en el que ella, sin proponérselo quizás, dejó el reflejo, el objetivo a seguir por muchos deportistas retirados de la vida competitiva. En cualquiera disciplina deportiva que se practique llega el momento, el día, en que de practicantes pasamos a “observantes”. La ley es la ley pero cuando más tarde llega mejor. Ella fue una buena muestra de cómo es posible retrasar ese momento. Recuerdo un par de anécdotas y comentarios relacionados con su vida deportiva. Cuando la veíamos nadar en determinadas distancias, se comentaba una cariñosa broma: “Vámonos a dar un paseo que hay tiempo hasta que termine Doña Bernarda”. Sin querer me venía a la mente una reflexión.¿No estará de más este comentario? Acaso nosotros más jóvenes, hoy, ¿no estamos persiguiendo lo que ella ya ha conseguido? Con su genio vivo y pronto decía verdades como puños. Sentencias inapelables, como muestra la que sigue. Recuerdo que en cierta ocasión fue a inscribirse para una travesía y preguntó al responsable de turno el día, hora y distancia de la misma. La respuesta un poco impertinente fue,”no estoy muy seguro y además son muchas preguntas”. Para que fue aquello. Doña Bernarda sacó su bien engrasado genio y le espetó: “Si no estás enterado de tu obligación, deja que ese puesto lo ocupe una persona competente”. Ahí te queda eso.
Querida Bernarda, en esta tu Última Travesía, llegarás antes que nosotros. Sola. Pero tranquila, que para allá iremos todos.
Con respeto y afecto.
Vicente García Rodríguez.
Foto: Luís Roca