“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Viernes: con la brisa del norte llegan las nubes

Una ciudad… por Ubaldo Suárez

Vi una ciudad llena de luengos edificios

y de rollizas carreteras,

de espejos estratégicos

y de cañerías impolutas.

Las farolas se erguían majestuosas

y las antenas temblaban suavemente.

La brisa susurraba al oído de las plantas

palabras de amor que luego se las llevaba

y en las nubes se reflejaban los colores de las aceras

que iban a parar, cómo si no, al mar.

Pero por las calles sólo paseaban las palomas

saludándose cortésmente al pasar,

y en los espejos sólo se movían las plantas

asintiéndose con gravedad al mirar.

Sí, vi una ciudad llena de edificios y de carreteras,

de farolas y de antenas,

de cañerías por las paredes

y de palomas que besaban las baldosas,

pero en aquella ciudad al borde del mar,

en aquella ciudad hespéride e inmortal,

no había nadie,

absolutamente nadie con quien hablar.

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