En la mañana del domingo 20 de octubre de 1996, la playa de Las Canteras fue escenario de una auténtica «guerra» entre pescadores y defensores de la playa. El motivo fue el calado, entre La Puntilla y Peña la Vieja, de un trasmallo que, según las crónicas de la época, superaba los 1.000 metros de longitud y había sido autorizado por la Viceconsejería de Pesca del Gobierno de Canarias, dirigida entonces por Rafael de León Expósito.
La red fue tendida dentro de la Barra con el beneplácito -o la pasividad, según denunció la asociación vecinal La Barra, presidida por Francisco (Paco) Bello- de la Concejalía de Playas.
El objetivo era capturar la mayor cantidad posible de pescado para un asadero popular en La Puntilla, en el marco de las fiestas de la Virgen de la Luz.
Para alcanzar esa longitud, varios pescadores unieron sus trasmallos hasta formar una inmensa red que fue arrastrada desde La Puntilla hasta Peña la Vieja, en plena mañana de domingo y con la playa repleta de bañistas.
La actuación provocó la inmediata reacción de la asociación vecinal La Barra, que llevaba años denunciando los daños que esta práctica ocasionaba a la biodiversidad de Las Canteras.
Varios playeros se lanzaron al mar para intentar detener la maniobra y algunos defensores de la playa llegaron a cortar la red con navajas y tijeras facilitadas por la propia asociación.
La tensión fue en aumento y el enfrentamiento derivó en insultos, amenazas y la rotura de parte de las redes.
Incluso la tradicional travesía a nado de Las Canteras que coincidía en la fecha tuvo que retrasarse aproximadamente una hora debido al conflicto.
Los pescadores anunciaron denuncias contra los «manifestantes» por impedir una actividad autorizada, mientras que los vecinos cuestionaron la legalidad de permitir una pesca con trasmallo tan cerca de una zona de baño y criticaron la actuación del Ayuntamiento y la falta de coordinación entre las distintas administraciones.
Francisco Bello anunció además que estudiaría emprender acciones legales contra los responsables técnicos que autorizaron la pesca, al considerar que aquella decisión vulneraba la normativa de protección ambiental y ponía en riesgo tanto la fauna de la playa de Las Canteras como la seguridad de los cientos de bañistas que se encontraban ese día en la playa.
Así lo recuerda Paco Bello, hijo del añorado Francisco (Pacuco) Bello, quien fuera presidente de la Asociación La Barra:
«Era temprano. Mi padre me despertó y me dijo que cogiera cacharros de la cocina y que bajáramos corriendo a la playa. Él llevaba también un pito. Empezamos a dar golpes con los cacharros hasta que los vecinos se fueron uniendo.
Nos metimos en el agua unos pocos al principio y empezamos a gritar y a hacer ruido, hasta que fue entrando más gente del barrio. Nos vinimos arriba y empezamos a levantar el trasmallo del fondo para liberar a todos los peces. La adrenalina del momento hizo el resto.
Los pescadores nos empezaban a amenazar con los remos de los botes. Recuerdo librarme de un buen remazo. Nos gritaban y amenazaban. Estas amenazas duraron bastante tiempo. Incluso salió un grupo de pescadores en la televisión poniendo bonito a mi padre.
Se buscó la enemistad con muchos de los pescadores, bastantes de ellos amigos suyos. Con el tiempo le dieron la razón. Él les ayudó mucho cuando querían llevarse los botes de La Puntilla y de Los Momo.
Era increíble lo que podían llegar a arrastrar con ese trasmallo. Había que estar allí para creerlo».
Paradójicamente, el asadero popular terminó celebrándose en La Puntilla sin pescado, ya que las capturas apenas alcanzaron los 20 kilos, muy lejos de los cerca de 500 kilos que esperaban obtener los organizadores.
La pesca con trasmallo dentro de la dársena de Las Canteras para la ofrenda a la Virgen de la Luz era una antigua tradición vinculada a las fiestas de La Naval. Sin embargo, llevaba cinco años sin celebrarse debido a las críticas por el impacto que causaba sobre la fauna marina. La autorización concedida en 1996 reabrió una polémica que acabó convirtiéndose en uno de los mayores conflictos ambientales vividos en la playa.
Aquella jornada marcó un antes y un después. La que denominamos «guerra del trasmallo» puso fin definitivamente a esta tradición y supuso un punto de inflexión en la defensa ciudadana de la biodiversidad de Las Canteras, consolidando el movimiento vecinal que reclamaba una mayor protección para la Barra y sus ecosistemas.
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1 comentario
Juan Cardoso
29 de septiembre de 2026Se pueden hacer otros tipos de ofrendas a la virgen y no esquilmar. Pregunto, los trasmalleros no se daban cuenta del daño que se hacía a la diversidad playera. El tiempo lo pone todo en su sitio. Casi todo tiene arreglo.