El rey del charco es el caboso. Este pez de la familia de los gobios es muy común en todos los charcos del archipiélago. Se alimenta de pequeños camarones e invertebrados.

Primos de los cabosos son los ‘canelos’, de tamaño algo más pequeño y más difíciles de ver que sus parientes. Como su nombre indica, son de color marrón.
Una de las presas más apreciadas por los gobios son los camarones comunes o de charco, pequeños crustáceos con forma de gamba transparente. Una de las características más curiosas de estos crustáceos es su comportamiento sexual: cuando son jóvenes actúan como machos y, de adultos, como hembras. Las hembras guardan el esperma en la cabeza tras el contacto con un macho y lo utilizan en varias ocasiones para tener crías.
Otro enemigo potencial de los camarones es la barriguda. Auténtico depredador del charco, este pez se alimenta tanto de camarones como de pequeños alevines de peces, así como de las algas que crecen en el interior del charco. Una de sus curiosidades es que puede recorrer pequeños espacios al aire libre. Es un pez muy común, con varios tipos, entre los que destaca la barriguda mora, la más grande y activa de todas.

Otros peces muy frecuentes de ver en nuestros charcos son los gueldes y las fulas. Los gueldes son de los peces más comunes del archipiélago; su vistosidad y colorido dan un toque tropical a nuestros charcos. Tienen características y pautas de comportamiento muy especiales: por ejemplo, cambian de sexo con la edad y, al hacerlo, también cambian de color. Muchas veces, el guelde es un incordio para los pescadores de caña, ya que su ansia de atacar la carnada impide que otros peces más valiosos puedan picar el anzuelo.
Las fulas son de los peces más queridos por su elegante y a la vez frágil apariencia. Aquí, en la playa, suelen ser de color azul, pero también se ven algunas de color marrón y anaranjado, que se llaman castañuelas. Se alimentan de zooplancton en suspensión. Son muy territoriales; la hembra pone los huevos y el macho es el encargado de cuidarlos y defenderlos.

En algunas épocas del año, principalmente de agosto a octubre, los charcos se llenan de pequeños alevines de sargos, panchonas, roncadores, galanas, etc., que aprovechan las aguas protegidas para pasar la primera etapa de su vida acuática. Da gusto ver entonces la extraordinaria vida en este reducido espacio, donde cada especie vive en perfecta armonía con el entorno.

La vida animal de un simple charco es increíble
No hace mucho tiempo, en muchos de los rincones y agujeros de los charcos de Los Lisos era frecuente ver morenas. Estos peces, con forma de serpiente, pertenecen a la familia de los murénidos. A pesar de su agresiva apariencia, con su boca llena de dientes afilados asomando entre las cuevas, no reflejan su verdadero comportamiento. Las morenas son inofensivas para el ser humano, y solo si se les molesta en su grieta podrían causar algún tipo de “problema”. Se alimentan principalmente de pulpos y chocos.
Con la disminución en el número de pulpos, que constituyen su dieta principal, también ha descendido el número de estas fascinantes criaturas.
Los pulpos, otro habitual en nuestros charcos, pertenecen a la clase de los cefalópodos, junto con los chocos y calamares. ¿Quién no ha visto un pulpo cambiar de color o soltar su bolsa de tinta para escapar de sus captores? Su famoso pico de loro ha sido tema de conversación entre todos los niños que inspeccionan las rocas de nuestra playa. Después de cumplir su misión reproductora, y una vez que la hembra ha puesto los huevos, el pulpo macho deja de alimentarse de moluscos y crustáceos y muere.

Sus primos, los chocos, se avistan a veces semi enterrados en los fondos arenosos de algunos de los charcos más profundos. A diferencia del pulpo, sus aletas recorren todo su cuerpo. Están cubiertos por una concha externa de carbonato de calcio, que antaño se usaba para alimentar a los pájaros canarios. Se alimentan de camarones y pequeños crustáceos.
Entre los crustáceos, destacan las populares jacas peludas, consideradas por los más jóvenes como la madre de los cangrejos comunes. Miden entre 10 y 15 cm. La hembra incuba los huevos debajo del abdomen hasta que los suelta y vive en las grietas y agujeros cerca de la superficie del charco.



