«Fue el jefe de la playa durante muchos años»
Cuando hablamos con su hijo Domingo sobre lo que su padre significó para la playa entre las décadas de 1960 y 1980, le vienen a la memoria multitud de anécdotas de aquellos días. Eran los años de los primeros ombligos al aire, de aquellos bikinis que, al principio, estuvieron prohibidos y que el cabo Medina y sus hombres se encargaban de «combatir».
El cabo Medina fue uno de los hombres más respetados y temidos por la juventud futbolera de la playa durante sus 25 años de servicio en el paseo de Las Canteras.
Ocupa un lugar de honor en la historia de la playa.
Eran famosos sus tirones de orejas a los mirones que, apoyados en las viejas barandillas de madera, observaban con ojos libidinosos los primeros destapes de las atrevidas extranjeras.
José Medina era un enamorado de la playa y fue de los muchos que pusieron su granito de arena para darle a Las Canteras el impulso y el prestigio que se merecía.
Medina y el Sr. Fred. Olsen fueron los impulsores de traer e instalar, sobre el antiguo balneario del Reina, el gran pino noruego que se colocaba cada Navidad. Las fotografías de los añorados reporteros gráficos Urquijo y Hernández Gil dieron la vuelta al mundo, mostrando el maravilloso clima del que disfrutaban nuestros turistas en pleno invierno.
El cabo Medina ha sido, posiblemente, el policía local más respetado y carismático que haya pasado por Las Canteras. Eran muy comentadas sus «disputas amistosas» con el alcalde de entonces, José Ramírez Bethencourt, a cuenta de la recogida de la seba.
– ¿Quiere que me la lleve a mi casa? – le dijo un día el agente José Medina a su alcalde, molesto por la incapacidad de los servicios de limpieza para retirar la gran cantidad de seba que aparecía a diario en la orilla. Medina peleó incansablemente hasta que, por fin, llegó el tractor limpiador y se solucionó el problema.
Eran tiempos en los que todo el mundo se conocía. Los guardias Antoñito, Valido, Celestino y Umpiérrez mantenían la armonía de la playa y del paseo. Cuando se producía un pequeño hurto, Medina sabía de inmediato que «mataperro» lo había cometido.

Muchos muchachos de aquella época recuerdan sus carreras -o sus nados- hacia Peña la Vieja cuando veían aparecer la figura altiva del policía Medina por la esquina del hotel Gran Canaria. Ellos, jugadores ilegales de fútbol playero, corrían a esconderse, balón incluido, de la «autoridad».
No todo fueron alegrías. Durante aquellos 25 años, el cabo también fue testigo de muchos y desgraciados sucesos. Su hijo Domingo, también policía local, recuerda cómo su padre llegó a casa muy abatido porque había tenido en sus propios brazos a una niñita que se había ahogado en la orilla. También recuerda cuando, con la ayuda de los faros del coche de Otto Kraus, pudieron rescatar a dos pescadores que habían naufragado en la playa de La Cícer.
Vivió y luchó por el progreso de la playa. Una calle de la ciudad con su nombre —tal y como prometieron, aunque la promesa quedó incumplida, a su viuda tras la repentina muerte de José Medina— serviría para reconocer la fundamental labor de este hombre durante sus largos 25 años de servicio a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.



1 comentario
Hube Miranda
20 de julio de 2026La de vueltas que nos daba en su vespa a todos los chiquillos del barrio.