Ingredientes
(Para 3–4 personas)
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1 kilo de almejas frescas
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½ cebolla dulce, finamente picada
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4 dientes de ajo, laminados o picados al gusto
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1 pimienta picona o guindilla pequeña (ajustar según tolerancia al picante)
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1 vaso de vino blanco seco de Lanzarote
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½ vaso de caldo de pescado (preferiblemente casero)
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1 cucharada de harina blanca
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1 cucharada de gofio de trigo (nunca de millo, para evitar sabores demasiado intensos)
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Unas hebras de azafrán o, en su defecto, una pizca de colorante alimentario
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Unas semillas de cilantro ligeramente machacadas
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Aceite de oliva virgen extra
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Sal marina al gusto
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Unas ramitas de perejil fresco para espolvorear al final
Preparación
En una cazuela amplia, ponemos un buen chorro de aceite de oliva y añadimos la cebolla muy picada junto con los dientes de ajo también finamente troceados. Rehogamos a fuego medio hasta que estén bien pochados.
Incorporamos entonces la cucharada de harina blanca y la de gofio de trigo, removiendo bien para integrarlos sin que se formen grumos. Añadimos las semillas de cilantro previamente machacadas y la pimienta (entera, si se desea solo dar aroma y sabor sin mucho picante). Rehogamos un minuto más para tostar ligeramente la mezcla.
Vertemos el vaso de vino blanco y dejamos que hierva unos minutos, hasta que se evapore el alcohol. A continuación, añadimos el medio vaso de caldo de pescado caliente junto con las hebras de azafrán (o una pizca de colorante) y la sal al gusto.
Cuando el caldo comience a hervir con suavidad, incorporamos las almejas previamente depuradas y escurridas. Tapamos la cazuela y dejamos cocinar hasta que empiecen a abrirse.
En ese momento, retiramos del fuego, espolvoreamos con perejil fresco picado y servimos caliente, idealmente acompañado de pan para disfrutar del sabroso caldo.
Nota sobre la limpieza de las almejas
Es recomendable depurar las almejas antes de cocinarlas para eliminar cualquier resto de arena. Para ello, colócalas en un recipiente con agua fría y un buen puñado de sal gorda (simulando el agua de mar). Déjalas en la nevera durante unas dos horas. Después, enjuágalas bajo el grifo para retirar el exceso de sal antes de añadirlas a la cazuela.
Es una receta de Juan Izquierdo
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