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Los ataques de tiburón a humanos son muy poco frecuentes: desde que existen registros válidos y hasta el verano de 2024, se han contabilizado 3.349 en todo el planeta. De ellos, 13 ocurrieron en España y, de esos, siete en Canarias. En aguas españolas solo ha habido un ataque mortal, ocurrido en las Islas Baleares en 1902.
De los siete contabilizados en las islas ninguno ha sido mortal.
Como todos recordarán, en septiembre de 2024, una mujer alemana de 30 años sufrió un ataque mortal de tiburón mientras tiraba carnaza al mar, con una pierna dentro del agua, a bordo de un catamarán británico que navegaba a más de 500 kilómetros al suroeste de Gran Canaria, frente al Sáhara Occidental. La mujer perdió una pierna y falleció durante el rescate -mientras era trasladada en helicóptero al Hospital Doctor Negrín, en Las Palmas de Gran Canaria- tras sufrir una parada cardiorrespiratoria provocada por la grave pérdida de sangre.
El incidente ocurrió a unos 514 kilómetros de la costa de Gran Canaria -equivalente a 278 millas náuticas-, en aguas internacionales, por lo que no puede considerarse un ataque ocurrido en el litoral canario.
Entre los incidentes con escualos registrados en las islas destaca el ocurrido en 2017, cuando un pequeño tiburón marrajo mordió a un niño que surfeaba en la costa de La Aldea, en Gran Canaria. El menor resultó herido, aunque sus lesiones no revistieron gravedad. Los técnicos del Servicio de Biodiversidad del Gobierno de Canarias calificaron entonces el suceso como un accidente aislado y puntual. Según explicaron, se trató probablemente de un marrajo joven, de entre un metro y metro y medio de longitud, que confundió al niño con una presa.
«Su alimentación se basa en peces, no en humanos», señalaron los expertos, quienes añadieron que, al morder y detectar que no era carne de animal marino, el tiburón lo soltó de inmediato. Esa rápida reacción explicaría que el niño haya sobrevivido al incidente y pudiera ser atendido sin mayores complicaciones.
Los biólogos recuerdan que existen más de 500 especies de tiburones, y que solo en una treintena de ellas se han registrado ataques a humanos. De todas ellas, apenas una docena se consideran realmente peligrosas para las personas, entre ellas el gran tiburón blanco, el tiburón tigre y el tiburón toro.

Las costas canarias son frecuentadas por tiburones martillo, una especie considerada inofensiva para los humanos.
A pesar del bajísimo número de incidentes entre tiburones y humanos, ante la presencia de uno de estos animales en las aguas cercanas lo recomendable es avisar a los servicios de emergencia, para que activen los protocolos correspondientes. Entre las medidas habituales se encuentra el cierre temporal al baño en la zona del avistamiento, hasta que se pueda garantizar la seguridad de los bañistas.
En Canarias se han registrado algunos casos de heridas leves sufridas por bañistas y buceadores provocadas por mordeduras de angelote (Squatina squatina), principalmente al pisarlos accidentalmente. El angelote es un tiburón de cuerpo aplanado y amplias aletas pectorales, que se camufla perfectamente en el fondo marino. Actualmente está incluido en la Lista de Especies Amenazadas de España.

Regresando al último caso, ocurrido en Fuerteventura el 20 de julio, frente a la zona de Los Molinos y a unas 2 o 3 millas de la costa, un escualo -presumiblemente un marrajo- atacó a un deportista que se había detenido un momento para beber agua. En un primer instante, el tiburón mordió la tabla y, seguidamente, la pierna del hombre.
Por la forma de las mordeduras, tanto en la tabla como en la pierna, los expertos consideran que fue un marrajo* el autor del ataque. Se cree que el animal pudo confundir las quillas de los surfistas con atunes, una de sus presas habituales -del mismo modo que sucede cuando se utiliza muestra en la pesca con curricán-. El herido logró golpear al tiburón, lo que aparentemente hizo que se alejara.

*Marrajo (Janequín).
Este potente nadador es un animal solitario, considerado el tiburón más rápido que existe, y cuya principal amenaza es la pesca indiscriminada e industrial. Sus aletas y aceites son altamente demandados en el mercado asiático.
A pesar de su aspecto fiero, hasta el incidente ocurrido en La Aldea en 2017 no se tenía constancia de mordeduras de marrajo a personas en las Islas Canarias, aunque en ocasiones se habían registrado casos en los que estos tiburones se lanzaban sobre las capturas de pescadores submarinos.
Suelen acercarse a la costa para alimentarse, sobre todo de peces y cefalópodos. Es un gran cazador que puede alcanzar los 4 metros de longitud.
Son ovovivíparos, y pueden alumbrar camadas de hasta 18 crías.



