Los movimientos de grandes masas de arena que provocan las corrientes cíclicas de las mareas en Las Canteras deberían aprovecharse como una oportunidad para acometer mejoras en las rampas y los accesos al arenal.
Cuando estos trasvases naturales dejan al descubierto la base de las rampas, se presenta una ocasión idónea para repararlas, mejorar su estructura y añadir algunos escalones que faciliten el acceso a la playa. Sin embargo, nuestros gestores municipales parecen optar por la solución más sencilla: colocar cintas de prohibición y vallas que impiden el paso.
Lo que inicialmente debería ser una medida provisional acaba convirtiéndose en permanente. Y así llevamos ya muchos meses, con cuatro accesos cerrados y más de trescientos metros de playa sin posibilidad de acceso por esos puntos, entre Punta Brava y La Cícer.
Una vez más, la falta de previsión y mantenimiento del Ayuntamiento termina trasladando las consecuencias de su inacción a los ciudadanos y usuarios de Las Canteras, que son quienes padecen las incomodidades de una gestión incapaz de atender y mejorar este espacio público.

La playa ya ha perdido la Bandera Azul de Calidad y, a este paso, pronto habrá que izar la bandera blanca de la rendición.
Rendición ante la invasión descontrolada de terrazas, patinetes, bicicletas, mascotas y otros usos que conviven sin el debido orden ni control en un espacio cada vez más desprotegido.
Y quizá, desgraciadamente, el Ayuntamiento también haya decidido izar su propia bandera blanca, rendirse ante los problemas de Las Canteras y dejar que la playa siga a su suerte hasta que se acerquen las elecciones municipales de mayo de 2027.
Entonces, quién sabe, quizá vuelvan las prisas por adecentarla y las banderas por ondear.
Texto y fotos de Víctor Valdivielso

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