1826-2026: dos siglos del gran Aluvión de Canarias, la catástrofe meteorológica que cambió las islas

Los días 7 y 8 de noviembre se cumplen 200 años del gran Aluvión de 1826, uno de los episodios meteorológicos más devastadores de la historia de Canarias. Un temporal extraordinario de lluvia y viento azotó el archipiélago, provocó centenares de víctimas mortales y dejó una profunda huella en el territorio y en la memoria de varias generaciones.
Ilustración recreada mediante inteligencia artificial. Representación artística del Aluvión de 1826; no es una imagen histórica del suceso.

En estos días, concretamente los días 7 y 8 de noviembre de 2026, se cumplen 200 años de uno de los episodios más dramáticos de la historia de Canarias.

En aquellas jornadas de 1826, un extraordinario fenómeno meteorológico, conocido como el Aluvión de 1826 o tormenta de San Florencio, descargó sobre el Archipiélago lluvias torrenciales, vientos huracanados y un fortísimo temporal marítimo que provocaron inundaciones, riadas, destrucción de poblaciones y centenares de víctimas mortales.

Considerado por numerosos investigadores como la mayor catástrofe meteorológica documentada en la historia de Canarias, sus consecuencias fueron especialmente devastadoras en Tenerife, aunque también afectaron considerablemente a Gran Canaria y a otras islas.

Doscientos años después, las crónicas, los documentos oficiales y las investigaciones científicas permiten reconstruir la magnitud de aquella tragedia.

Una tormenta excepcional: la noche de San Florencio

El episodio se desarrolló entre los días 6 y 9 de noviembre de 1826, aunque las horas más destructivas se concentraron durante la noche del 7 al 8.

El fenómeno recibió el nombre de tormenta de San Florencio por coincidir con la festividad de este santo, el 7 de noviembre.

Los testimonios históricos describen un ambiente atmosférico extraordinario durante las horas previas. El cielo presentaba una tonalidad oscura, las nubes se acumulaban rápidamente y el viento experimentaba cambios de dirección. Algunos observadores llegaron a describir un descenso muy rápido de la presión atmosférica.

El temporal comenzó a manifestarse con especial intensidad durante la mañana del día 7. Las precipitaciones fueron aumentando progresivamente hasta convertirse en lluvias torrenciales, acompañadas de fuertes rachas de viento.

Uno de los momentos más dramáticos se produjo alrededor de las dos de la madrugada del día 8, cuando el viento giró bruscamente del sudeste al norte y aumentó todavía más su intensidad.

Los barrancos comenzaron a desbordarse. Las aguas descendían desde las cumbres arrastrando piedras, árboles, animales, viviendas y cuanto encontraban a su paso.

Al amanecer, numerosos paisajes habían quedado completamente transformados.

¿Un ciclón tropical sobre Canarias?

Una de las cuestiones más interesantes de este episodio es su posible naturaleza meteorológica.

Los investigadores José Bethencourt González, Pedro Dorta Antequera y Constantino Criado Hernández estudiaron el temporal mediante la reconstrucción de documentos históricos y datos climáticos.

Su investigación, publicada en 2008, y el posterior artículo científico The storm of November 1826 in the Canary Islands: possibly a tropical cyclone?, publicado en 2010, plantearon la posibilidad de que se tratara de un ciclón tropical.

La intensidad del viento, los cambios bruscos de dirección, las precipitaciones extraordinarias y las descripciones de los contemporáneos permiten establecer paralelismos con algunos fenómenos ciclónicos actuales.

Las estimaciones retrospectivas apuntan a rachas que pudieron superar los 120-150 kilómetros por hora y precipitaciones localmente superiores a los 500 litros por metro cuadrado.

No obstante, al tratarse de un episodio anterior a las observaciones meteorológicas instrumentales modernas, no es posible determinar con absoluta certeza su clasificación como ciclón tropical.

Tenerife: el Valle de La Orotava, devastado

La isla de Tenerife sufrió las consecuencias más graves del temporal.

El Valle de La Orotava fue uno de los territorios más castigados. Los barrancos descendieron con una fuerza extraordinaria y arrasaron terrenos agrícolas, viviendas, caminos y otras infraestructuras.

Un informe oficial de las cuatro jurisdicciones del valle contabilizó 225 viviendas destruidas, 235 personas fallecidas y 804 cabezas de ganado desaparecidas. En la Villa de La Orotava se registraron 104 víctimas mortales.

También resultaron gravemente afectados Los Realejos, San Juan de la Rambla, La Guancha, Puerto de la Cruz y otros municipios del norte de la isla.

La destrucción de cultivos y bodegas provocó un enorme quebranto económico para una comarca cuya actividad dependía en buena medida de la agricultura y de la producción vitivinícola.

La tragedia de Candelaria: desapareció la antigua imagen de la Virgen

Uno de los episodios más dolorosos de aquella catástrofe se produjo en Candelaria.

La fuerza del agua destruyó el santuario y el castillo que se encontraban junto a la costa. La riada arrastró también la antigua imagen de la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias, que desapareció en el mar y nunca volvió a recuperarse.

La pérdida de la talla original supuso un acontecimiento de enorme trascendencia religiosa y patrimonial para el Archipiélago.


Santa Cruz de Tenerife: puentes, viviendas y embarcaciones arrasados

La capital tinerfeña tampoco escapó a la violencia del temporal.

Los barrancos de Santos, Tahodio, Valleseco, Bufadero, San Andrés e Igueste descendieron con enormes cantidades de agua.

Los daños alcanzaron a numerosos edificios, infraestructuras y terrenos agrícolas. Parte de las murallas defensivas resultó afectada y el puente del Cabo sufrió importantes desperfectos.

El informe recogido por los investigadores contabilizó 311 casas destruidas y otras 1.009 arruinadas.

La riada también afectó a las instalaciones hidráulicas que abastecían a la población, dejando comprometido el suministro de agua potable.

En la bahía, varias embarcaciones naufragaron o desaparecieron, entre ellas buques que realizaban rutas comerciales con América.

Gran Canaria: el Guiniguada y los barrancos también se desbordaron

Aunque Tenerife concentró las consecuencias más dramáticas, Gran Canaria también sufrió los efectos de la tormenta de San Florencio.

En Las Palmas de Gran Canaria, las lluvias torrenciales provocaron inundaciones y fuertes avenidas en el barranco Guiniguada y otros cauces próximos a la capital.

Las aguas descendieron cargadas de lodo y sedimentos, afectando a las zonas bajas y a las vegas agrícolas que rodeaban la ciudad.

Uno de los daños documentados fue el sufrido por el puente de Tenoya, construido apenas dos años antes, en 1824. La fuerza del agua destruyó por completo uno de sus ojos, comprometiendo una conexión importante entre la capital y las poblaciones del norte.

También se registraron daños en puentes, caminos, terrenos de cultivo y otras infraestructuras.

El temporal volvió a poner de manifiesto las dificultades que presentaba la antigua infraestructura portuaria de San Telmo, especialmente expuesta a los fuertes temporales marítimos y al oleaje. La necesidad de disponer de un puerto mejor protegido al norte de la ciudad, al abrigo de La Isleta, adquirió todavía mayor relevancia en aquel contexto.

Las investigaciones también recogen pérdidas humanas en Gran Canaria, aunque las cifras varían según las fuentes documentales consultadas.

Un balance humano y material estremecedor

La reconstrucción del número de víctimas presenta diferencias entre los distintos documentos y estudios históricos.

Las investigaciones académicas contabilizaron 284 fallecidos en Tenerife, mientras que las fuentes utilizadas para la reconstrucción del conjunto del Archipiélago incorporan también las víctimas de Gran Canaria y otros territorios.

Las recopilaciones actuales manejan hasta 370 fallecidos documentados, aunque las cifras deben interpretarse atendiendo a los diferentes criterios de recuento.

En cuanto a los daños materiales, se calcula que más de 650 viviendas quedaron destruidas, además de numerosas infraestructuras, embarcaciones, cultivos y explotaciones ganaderas.

La catástrofe dejó una profunda huella en la economía y en la vida cotidiana de las comunidades afectadas.

Doscientos años después: una lección para el presente

El Aluvión de 1826 no es solamente un episodio histórico. También constituye un importante documento para comprender los riesgos meteorológicos de Canarias.

La configuración del territorio, la presencia de barrancos, la exposición de determinadas poblaciones a las avenidas y la ocupación de cauces y desembocaduras siguen siendo cuestiones fundamentales en la planificación territorial y la protección civil.

Dos siglos después, las investigaciones sobre la tormenta de San Florencio permiten recordar que el clima habitualmente benigno de las islas no las hace inmunes a fenómenos meteorológicos extraordinarios.

Fuentes documentales y científicas

El temporal de 1826: reconstrucción de sus causas y sus consecuencias en la isla de Tenerife. Investigación de Bethencourt González, Dorta Antequera y Criado Hernández, presentada en el Congreso de laAsociación Española de Climatología.

The storm of November 1826 in the Canary Islands: possibly a tropical cyclone? . Publicación científica de 2010.

Los temporales de lluvia en Canarias. Trabajo del geógrafo Pablo Máyer Suárez, con referencias específicas a los efectos en Las Palmas de GranCanaria.

Museos de Tenerife: 7 y 8 de noviembre de 1826, ¡menudo temporal! . Recopilación de testimonios históricos.

Asociación por la Memoria del Aluvión de 1826. Información del bicentenario y documentación histórica.


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