¨Escucho las olas que golpean la orilla, y en su sonido encuentro paz¨- William Butler Yeats

La panza de burro: el cielo protector

Llega el verano y, salvo contadas excepciones, el cielo de Las Canteras se cubre con nuestro particular manto gris: la panza de burro. Este fenómeno, una capa baja de nubes grises asociada a los vientos alisios, es amada y odiada según el punto de vista: no es lo mismo estar de vacaciones que trabajando.

Para la chiquillería en su periodo vacacional y para quienes han elegido julio —el mes con más panza de burro del año— como mes de descanso, resulta indeseada. Todos sueñan con pasar largos días veraniegos tirados en la arena de Las Canteras o El Confital bajo un cálido sol. En cambio, quienes están trabajando agradecen el “relativo” frescor que les aporta esta capa nubosa mientras cumplen su jornada.

Para nuestra piel, la panza de burro puede ser una bendición: reduce la intensidad de la radiación solar, permitiendo un bronceado más gradual y menos agresivo. Porque sí, la panza de burro también pone moreno, sobre todo al mediodía y durante la tarde, cuando la capa de nubes tiende a resquebrajarse. Por ello, aunque esté nublado, no debemos olvidar aplicar crema protectora: los rayos ultravioleta siguen presentes.

Efectos en el ecosistema de Las Canteras

Una panza de burro persistente tiene varios efectos colaterales.

El ambiente poco soleado, algo fresco y húmedo, hace que mucha gente no acuda a Las Canteras y busque el sol en otros puntos de la isla. Al reducirse la afluencia de usuarios, disminuyen los residuos, lo que facilita la labor de los servicios de limpieza, que recogen menos kilos de basura —como es lógico— en los días nublados.

Otro efecto “positivo” del menor uso de la playa durante la época estival, debido a los cielos nublados, es que la biodiversidad sufre menos presión por parte de quienes la utilizan como entretenimiento.

En el lado negativo, como es de esperar, la ausencia de veraneantes y turistas afecta directamente a los negocios del paseo, especialmente entre semana. La actividad comercial se resiente, siendo quizás el gremio más perjudicado el de los hamaqueros, que ven cómo su trabajo disminuye en cuanto el cielo se cubre.

Aun así, venir a la playa un día sí y otro también, hacer deporte, bañarse y disfrutar de la tranquilidad que regala una playa poco concurrida gracias a la panza de burro, es de buen playero. De quien sabe disfrutar de todo lo que ofrece este espacio único en el corazón de nuestra ciudad.

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