La playa, nuestra casa y la basura

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No sé si es por bonita, por grande o por urbana, pero siempre me ha parecido que la playa de Las Canteras genera más complicidades que otras tan bonitas o tan grandes.

Tal vez sea por su carácter cotidiano. Está tan a mano de la ciudad y la hemos vivido tanto, que para muchos de nosotros la infancia y la adolescencia tienen olor a marea baja y pican en la piel como el sol del mediodía.

Esta playa tiene mucha personalidad, o la tienen sus habitantes, entre los que incluyo a los de siempre y a los esporádicos, que muy bien se puede ser amante de un solo día y que la historia de amor sea eterna.

Para los de Las Palmas, Las Canteras es como una prolongación de la sala de estar de la casa de cada cual, tanto si vive en La Paterna como si lo hace en Arenales, es de Ciudad Jardín o vecino de Schamann. Así de confortable es para nosotros, por familiar, por acogedora, por conocida, como esa bata tan calentita y tan vieja que volvemos a usar cada invierno.

Y si  para la mayoría también es nuestra casa, porque nos vino heredada o porque un día llegamos como turistas, sufrimos un flechazo y nos quedamos enganchados para siempre jamás, no sé por qué rayos hay quien todavía deja su basura en la arena o se empeña en usarla de cenicero.

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