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“Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano”. Arthur Clarke

Viernes: tiempo estable, nubes y claros. Hermosas mareas vacías

La invención de la playa por Mariano de Sana Ana

El poeta Amaranto Martínez de Escobar es el autor del primer poema sobre Las Canteras y el primer ciudadano que levantó una vivienda sobre su arena con ánimo de contemplar el paisaje marino

En unos versos de su poema “Las Canteras del Puerto de La Luz”, que firma en 1901, Amaranto Martínez de Escobar escribe: “Déjenme allá en las Canteras / Que me vaya bien o mal, / Pues saben que este peral / Está seco y no dá peras”. Y más adelante: “Que en aquella soledad / Paso la vida serena, / Huyendo de la gangrena / Que invade la sociedad”. Es obvio que con esta composición Martínez de Escobar no se garantiza un puesto junto a Virgilio y Dante en el Parnaso de las glorias literarias, pero en términos históricos tiene el valor de ser la primera dedicada a la principal playa de Las Palmas.

Como indicador estético, el poema de Martínez de Escobar, nacido en Las Palmas en 1835 y fallecido en esta ciudad en 1912, refleja una transformación fundamental en la percepción de las playas que operaba desde siglo y medio atrás en la sensibilidad occidental: de ser vistas como lugares repulsivos, cicatrices del Diluvio Universal, éstas pasaron a ser cada vez más apreciadas como extensiones propicias para la contemplación placentera de la Naturaleza.

En el gran ensayo de referencia sobre esta cuestión, El territorio del vacío. Occidente y la invención de la playa (1988), el historiador Alain Corbin señala que “la manera de apreciar el mar, la mirada sobre las poblaciones que frecuentan sus riberas no es sólo el resultado del hábito, nivel de cultura y sensibilidad propios del individuo. La manera de estar juntos, la convivencia entre turistas, los signos de reconocimiento, los procedimientos de distinción condicionan también las modalidades de disfrute del lugar”. Así pues, cuando canta a este terreno arenoso junto a la orilla marina, Martínez de Escobar no responde únicamente a impulsos emotivos de su conciencia individual, sino que actúa también como cauce literario de un largo proceso de reorganización de la visión occidental.

Corresponde además a Amaranto Martínez de Escobar el mérito de ser el primer individuo que habitó la playa con el único propósito de elevar su espíritu, si se tiene presente que los trabajadores del mar que vivían en ella carecían de distancia estética para mirarla como paisaje. El autor anónimo de las “Notas biográficas” incluidas en el libro Poesías del licenciado D. Amaranto Martínez de Escobar (1932) señala al respecto que “puede decirse que don Amaranto fue el fundador del floreciente, hermoso y popular barrio de las Canteras, tantas veces cantado por él en sus inspiradas composiciones poéticas, donde edificó los dos primeros chalets que allí se construyeron”.

La playa, en la que Amaranto Martínez de Escobar pasó temporadas cada vez más prolongadas desde finales del siglo XIX, estaba entonces poblada sólo por pescadores y obreros del Puerto de La Luz, que había comenzado a construirse en 1883. Las Canteras era pues un lugar perfecto para un misántropo que en la recta final de su existencia sólo aspiraba ya a huir “de la gangrena / Qué invade la sociedad”. Un misántropo que se convirtió en tal porque esperaba demasiado de la sociedad. Pues Martínez de Escobar, periodista, jurisconsulto, poeta, pintor, fue sobre todo, como tantos hijos del siglo XIX, un burgués entregado con fervor a la causa de la emancipación de la humanidad. Por ello se distinguió como un defensor ardiente de la I República, pues veía en la monarquía la causa del retraso histórico de España. Martínez de Escobar fue además uno de los artífices de la creación de El Museo Canario, cuyo acta fundacional se firmó en su propia casa y del que sería su primer secretario. Desengañado de todo y de todos, “Pues saben que este peral / Está seco y no dá peras”, Martínez de Escobar eligió finalmente la semidesértica playa de Las Canteras para poner arena por medio con sus contemporáneos.

No obstante, el poeta no se quedaría aislado del resto de su clase social durante mucho tiempo. Quizá movidos por la lectura de sus poemas o animados tal vez por su iniciativa de hacer de la playa su morada, otras familias patricias no tardaron en levantar allí casonas de veraneo y las excursiones a este paraje se hicieron cada vez más frecuentes. Una hermosa foto realizada por el portugués Jordao da Luz Perestrello entre 1900 y 1905 y que forma parte actualmente del archivo de la web miplayadelascanteras.com, muestra lo que parece un grupo de elegantes excursionistas que han venido desde Las Palmas a lomos de camello y acompañados con un guardia urbano con su idiosincrático salacot. Al fondo de la imagen, se ve el torreón de la casa de Amaranto Martínez de Escobar con su techumbre cónica.

Hoy Amaranto no podría escapar de la sociedad en su casa playera, un edificio rojizo ante el que se levantó después la calle Franchy y Roca, parte más tarde de la trama de uno de los barrios más bulliciosos de Las Palmas. Por lo demás, en la hora actual los ideales de emancipación de España, en la que está reinstaurada la monarquía que tanto detestó Amaranto, están tan hechos trizas que el poeta concluiría que la gangrena se ha adueñado de todo. El mismo torreón de su casa se encuentra también en estado ruinoso aunque, según parece, sus actuales propietarios se proponen rehabilitarlo en breve. Será un buen gesto en un punto extremadamente sensible de la ciudad. Un punto en el que se cruzan la geografía, la historia y la literatura.

 

Mariano de Sanata Ana.

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