“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Sábado de temperaturas primaverales

Mareas vacías. (Poesía)

Ves a un niño con un cubo, una caña de pescar,

y una fija con herrumbre para buscar pulpos.

El niño está solo, en medio de las rocas,

al final de una tarde de verano.

Sólo se oye el rumor del océano,

lejano, como en sordina.

El niño se agacha de vez en cuando

a raspar una lapa con las piedras,

o a pinchar una babosa inerme,

se resbala con el verde traicionero de las rocas,

y se siente solo ante el mundo,

lejos de las casas y de las gentes,

de los martilleos de las teles y las radios,

del hastío y el miedo de la escuela.

Un azul intenso se va volviendo rojo,

verde, anaranjado o violeta según pasa la tarde,

es todo lo que tiene encima suyo,

un cielo limpio e inmenso y un mar azul, lejano,

y en su cubo unos burgados, y unas lapas,

a veces un pulpo alevín y desnutrido.

El niño lleva las rodillas húmedas y heridas,

y aun así sonríe frente al océano infinito,

salpicado por la brisa que van dejando las olas,

cuarteado para siempre por el sol y el salitre.

Poemas marinos del escritor Santiago Gil incluidos en el libro “El color del tiempo” (Primer premio del XVIII Esperanza Spínola de poesía).

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