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“El mar no tiene caminos, el mar no tiene explicaciones”. Alessandro Baricco

Panza de burro, se aclara algo por la tarde

Del mar a la cumbre. El Grupo Montañero de Gran Canaria.

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Fue el pionero en esta isla y promotor de muchas actividades relacionadas con este deporte, la ecología y la conservación medioambiental

En 1949 un grupo de amigos, Héctor López Hernández, Vicente García y Miguel Rodríguez Medina hacían, con bastante frecuencia, caminatas por el interior de Gran Canaria. Así que se lo comunicaron a otros amigos y decidieron fundar un club adscrito a la Federación Española de Montaña, porque de esa forma estarían informados de actividades en la Península y en el extranjero. Surgió el Grupo Montañero Gran Canaria que fue dado de alta en la citada Federación el 2 de julio de 1954. O sea, que tiene ya cincuenta y dos añitos..

Recuerda Vicente García, veterano deportista, no sólo en montañismo sino especialmente en natación (hoy forma parte del grupo de Los Tortugas), que cuando ellos empezaban a caminar por esas medianías y cumbres, la gente les miraba con extrañeza y, a veces, cuando llegaban a algún caserío o aldea les preguntaban si vendían ropa, o estaban pagando una promesa. A los campesinos les era difícil entender que unas personas, por su propia voluntad, fueran cargados como burros y que se esforzaran tanto, cuando ellos tenían que hacerlo obligatoriamente en sus campos de cultivo.

Estos mismos campesinos, así como guardas forestales y pastores les ayudaban en gran manera a rescatar caminos y veredas que enlazaban los pueblos y pagos perdidos en recónditos lugares de la isla.

Eran senderos que formaban una extensa red que se utilizaban para intercambios comerciales, o para ir de fiestas y bailes que se celebraban en esas perdidas localidades.

El primer local social que tuvo el Grupo Montañero Gran Canaria estuvo en la propia casa de Miguel Rodríguez Medina, que fue también su primer presidente. Posteriormente, se situaron en un local en el Real Club Victoria y durante algunos años en el domicilio del socio Ernesto Borrás Salvador. Otra sede fue el Museo Canario hasta que el Cabildo Insular les facilitó una en el domicilio anexo al palacio insular, en la calle Bravo Murillo. En este lugar se desarrolló la actividad del grupo con más entidad. Les fue facilitado, así mismo, el refugio de montaña Díaz Bertrana, situado en la Cabaña del Escobón, cumbre central, que constituyó un gran atractivo para la captación de nuevos socios.

Después de darle de alta en la Federación se crearon diferentes secciones de actividades de montaña y éstas crecieron de manera notable en las islas y fuera de ellas. Montañeros del grupo grancanario estuvieron en Los Alpes, Los Andes, El Atlas, Sierra Nevada, Picos de Europa, etc. Se abrieron vías de escalada en los roques más emblemáticos de Gran Canaria, y se colaboró con el Museo Canario en la localización de yacimientos arqueológicos.

Durante más de veinte años, se desarrolló una actividad extraordinaria y a veces entrañable, como el llevar en las mochilas juguetes que se repartían entre los niños de los caseríos del interior de difícil acceso. De esa manera se vieron beneficiados con la llegada de estos generosos Reyes Magos, pagos como El Chorrillo, el Carrizal de Tejeda, Los Toscones, Cazadores, Montaña Las Tierras, Cuevas Bermejas, etc.

Por otro lado, el Grupo colaboró también en campamentos nacionales organizados en Majada Alta, Presa de las Niñas y Caldera de Taburiente, además de celebrar campamentos regionales y cursos de escalada. Otra acción que ha tomado carta de naturaleza es la Ruta Bentejuí, en recuerdo de uno de los episodios de la historia de Gran Canaria. Hoy día esta ruta sólo es transitada por montañeros, y quien la haya realizado la llevará siempre en el recuerdo.

En 1968, por medio del Grupo Montañero Gran Canaria, se inició el Día del Árbol. El Cabildo Insular se sumó inmediatamente a esta iniciativa y puso a disposición de los montañeros su personal cualificado para las repoblaciones forestales. Una de estas primeras plantaciones se efectuó en la Montaña del Brezo, a la salida de Artenara, en el camino hacia Tamadaba. “Ver hoy en día estos airosos pinos ya crecidos nos llena de satisfacción”, cuenta Vicente García que llevó a esa repoblación a su mujer y sus hijos pequeños. Esta idea fue acogida y asumida con entusiasmo por muchos municipios y organizaciones ecologistas y los montañeros esperan que algún día los bosques lleguen a cubrir una buena parte de la isla.

Al principio, este deporte no contaba con muchos adeptos, pero cuando se relataban las vivencias a los amigos y personas interesadas por la vida en la naturaleza, poco a poco se fueron incorporando más socios al grupo que se fue consolidando y ganando prestigio.

Algunos de los componentes de este Grupo, a pesar de sus añitos, todavía se encuentran en forma y podrían ser ejemplo y acicate para jóvenes muy dados a la vida cómoda y sedentaria. No hay mayor satisfacción que subir a una montaña y descubrir la gama de paisajes, olores, colores y demás sensaciones que se hacen inolvidables.

El grupo posee hoy en día local propio, elaboran una publicación trimestral en la que se detallan las actividades, se proyectan diapositivas y películas de carácter montañero y similares, conferencias, exposiciones, etc. Precisamente, con motivo de este aniversario el Grupo organizó una exposición fotográfica en el Real Club Victoria, otra entidad vinculada a la Playa de las Canteras.

José M. Balbuena

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