“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Viernes: con la brisa del norte llegan las nubes

La maravillosa vida que esconden los fondos de la Playa de Las Canteras “El culebrón del verano”

El sábado por la mañana andaba yo golisniando por la barra como de costumbre. El día estaba horrible, con panza de burro y algo de calima, así que la playa estaba casi vacía, con la barra pa’ mi solito. Me gusta meterme estos días porque, aunque hay menos luz para las fotos, la ausencia de chapoteos hace posible que los peces más tímidos salgan de su escondrijo a dar un garbeo por ahí.

Me dirigía en dirección a playa chica moviéndome paralelo a la barra cuando divisé de repente algo de color amarillento entre unas piedras, a unos dos metros de profundidad. El color me llamó mucho la atención, así que decidí acercarme.

El sitio era complicado, pues estaba a la salida de lo que parecía una pequeña cueva formada bajo uno de los pedruscos más grandes que hay a unos metros de la barra grande. Retiré las algas que me impedían observar “aquello” y comprobé que se trataba ciertamente de la cabeza de algún animal, de tipo serpentiforme, pero inusualmente colocada boca abajo.

El color amarillo y una especie de pequeños apéndices en la mandíbula superior me hicieron pensar en primera instancia en una morena de las de tipo “picopato”, pero el color no me cuadraba del todo.

Sumido yo en mis cavilaciones vuelvo a coger aire y bajo, acercándome ahora un poco más para tomar otra instantánea de la mandíbula del animal, que creía muerto. De repente da un giro de 90 grados y se coloca ahora medio tumbado. ¡La madre que me parió, vaya susto colega!

Como uno que estuviera durmiendo de lado, con un ojo apuntando al suelo arenoso y el otro al cielo, permaneció así, inmóvil. Me restaba aire, así que volví a sacar otra foto del curioso espécimen. Y ahora la vi bien, era la cabeza de una culebra conocida a veces como Carmelita (“Myrichthys pardalis”). Sabía de ella sólo por los libros, pues nunca la había visto en persona. Es un pez muy tímido que rara vez se deja ver de día.

A la siguiente zambullida lo tuve claro, tenía que pegarme al suelo y colocar la cámara en posición vertical para plasmarla bien. En esta foto ya se aprecian los apéndices de la mandíbula superior y los dos ojos, rematados de un azul precioso que contrasta con ese amarillo moteado que cubre su cuerpo. También puede verse lo que parece el comienzo de una aleta dorsal extremadamente fina, al estilo de la de las morenas. Viendo el tamaño de la cabeza calculo que rondaría el metro de longitud. Un soberbio animal que, visto de cerca, parece sacado de un cuento de dragones medievales.

Sabía que era imposible que saliera por completo de la cueva conmigo allí (lástima de foto esa) y que era cuestión de tiempo que se escondiera de nuevo, así que me apresuré a dispararle un par de veces más. Al rato desapareció por completo entre las piedras.

La fauna de Las Canteras se nos revela inagotable una vez más,

mostrándonos esta vez en el interior de la playa a un animal muy difícil de observar incluso en inmersiones con botella, y nos recuerda por enésima vez lo afortunados que somos por contar en nuestra ciudad con un santuario marino de semejante calibre.

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