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Érase una vez la Peña la Vieja. Vivencias 1945-2004 por Vicente García Rodríguez

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Mis primeros recuerdos playeros están fuertemente ligados a la Peña de la Vieja en la playa de Las Canteras, y me pueden creer que primero tuve contacto con las lapas y sacabocados de la Peña que con la escuela. Pasaba muchas horas en la playa; nadando, sebando olas, “pulpiando”… que se yo! Bautizamos a muchas peñas y mariscos entre el muro de Marrero y un torreón de la luz que estaba en la misma playa al final de la calle llamada hoy Olof Palme. Me vienen a la memoria la Peña del Piano en el Charcón, frente a la casa de Don Antonio Armas, La Peña de la Galleta, La Peña de la Palangana, La Peña del Balcón, La Peña del Camello y en la ruta natatoria de la orilla a la Peña la Vieja, La Peña del Descanso y la Peña del Peligro. Quizá no halla una exacta cronología en estos apuntes pues ha pasado algún tiempo y los recuerdos se mixturan unos con otros. Me viene a la memoria que en una ocasión se trajo arena de los Arenales, claro, de la zona que conocíamos como La Batería, pues allí estuvo ubicado un cuartel de artillería o algo por el estilo. Si no me equivoco fue por la época en que se construía el Estadio Insular. Mezcladas con la arena venían tuneras indias, la de los tunos colorados, y con frecuencia al salir del mar, después de un rato nadando, atracábamos la arena caliente y nos llenábamos de púas. Como era lógico en el medio en que nos movíamos las competiciones de natación era cosa corriente. Organizábamos pegas en el Charcón, de los Lisos y también desde Punta Brava hasta la Peña. Los trofeos eran bastante curiosos. Yo me gané una vez un coco. No me pregunte quien lo trajo, pues si le digo le engaño. Para entrenar limpiamos de piedras el Charcón entre la Peña del Piano y los Lisos y allí nos apañábamos. Fundamos un club de natación que se llamó como no! Peña de la Vieja. Llegamos a participar en competiciones organizadas por la Federación Provincial de natación, pero de forma extraoficial pues no estábamos federados.

A continuación transcribo literalmente parte de una reseña firmada por Arvetru (Armando, Vera Trujillo), de un festival celebrado l de Junio de 1947 (antier, como el otro que dice). “El Peña de la Vieja” debutó extraoficialmente. Este club en el que sus muchachos acusaron una falta absoluta de piscina, pero un perfecto conocimiento de la natación y sus estilos, que bien administrado puede ser el punto básico para la formación del cuarto conjunto tan deseado como necesario” Detallo también algunas pruebas y marcas de la misma reseña.

100 metros espalda social 1º Rafael Guerra l’21 “Alcaravaneras”

2º Luis Domínguez l’26 “Peña la Vieja”

100 metros libres social lº Manuel Marrero l’2l “Alcaravaneras”

2º’ Vicente García l’23 “Peña la Vieja”

100 metros libres social 1º Gregorio Socorro l’14 “Metropole”

2º Lorenzo Caballero 1’16 “Peña la Vieja”

200 metros espalda 1º Francisco Cabrera 3’05 “Alcaravaneras”

2º Humberto Trujillo 3’05 “ Metropole”

Tuvimos un local social, por algún tiempo, en la calle Galileo al final según se baja a mano derecha. Era una casa de madera pegada a la de Don Juan Gamez, quiero recordar. Creo que fue conseguida por mediación de Quique Martínez que por aquel entonces se daba unos garbeos por la playa a la busca ya captura de nuevos valores. Se llevaba a todo lo que flotara y nadara hacia delante. Se destacaron algunos promesas y fuimos absorbidos sin traspasos ni miramientos por el club Natación Metropole. Como los entrenamientos los saciamos en la piscina del antiguo Hotel Metropole (la conocíamos como la pileta ) y nosotros vivíamos en Guanarteme, a mi hermano Juan y a mi nos pagaba la guagua para que no dejásemos de entrenar. Pero nos íbamos caminando por los arenales y nos guardábamos las perras. Perdona Quique, al fin y al cabo era una prima por traspaso.

He tardado 56 años en confesarlo pero el caso es que no me arrepiento. También hacíamos maratones. Había que correr y nadar. El recorrido era el siguiente: salíamos corriendo de la Puntilla por toda la orilla de la marea y al llegar a Punta Brava, nos tirábamos al agua hasta la barra( la llamábamos la barra partida y vayan a caminarla y verán por que). Corríamos por ella dando brincos. Algunos llevaban alpargatas y nos lanzábamos al agua hasta la Barra de en medio, otra carrera y de nuevo al agua hasta la Barra Grande o Barra Amarilla y luego de correr por ella

con los consiguientes toletazos y picadas de erizo llegabamos a la Puntilla, casi sin resuello, y otra vez, al agua hasta la meta en la arena junto a los barquillos.

Dos ganadores, que yo recuerde fueron un año Tony Gallardo y otro Juan A. Mentado. Como consecuencia de aquel entorno natatorio surgió la idea de hacer travesías mas largas y empezamos por la de la Puntilla a la Peña y viceversa. Eso fue allá por el año 1-950 mas o menos. También recuerdo y lo voy a poner antes de que se me olvide, de que en la Peña de la Vieja se instalo una vez, un trampolín con palanca y todo. Algunas-fotos dan fe de ello. La palanca fue rota de cuajo por algunos saltadores pesos pesados de la época y el resto se fue se fue cambando con los embates de las mareas del Pino y similares hasta que fue necesario quitarla por seguridad. Este trampolín fue hecho en el taller de los hermanos Rodríguez Medina sito en la calle Arístides Brian, Galileo. Volviendo a lo de las travesías en 1970 la retomamos de nuevo y este año 2004 celebraremos, D.M.? la número 35 de la segunda etapa. Hemos confeccionado un decálogo de normas que procuramos cumplir. El día del evento, siempre el primer Domingo de Octubre, nos reunimos frente a la Peña, en la orilla y a las doce horas nos vamos caminando y conversando hasta la Puntilla y a la una con cierto desordenado orden nos lanzamos al agua rumbo a la Peña. Esta travesía, que yo sepa la mas veterana de Las Canarias, tiene la peculiaridad de no ser competitiva, aunque siempre hay quien se “pica”. En el fondo lo que se pretende con este evento es quet y hasta que Dios quiera, nos veamos una vez al año aquellos que en una época no tan lejana, digo yo, nos encontrábamos en la playa. Hoy día no solo participamos algunos de los supervivientes de aquellos tiempos. Además se han ido incorporando nuestros hijos y nietos y mucha gente joven mas. No pertenecen a nuestra época ni nosotros a la de ellos. Son historias diferentes. Ahora bien hay una cosa que nos une y nos pertenece a todos: la Playa de las Canteras y, dentro de su conjunto, como eterno vigía, está silenciosa e inalterable la Peña de la Vieja.

 

Vicente García Rodríguez

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