El jardín submarino que desapareció de Las Canteras

Durante buena parte del siglo XX, el fondo arenoso de Las Canteras estuvo cubierto por extensas praderas de sebadales (Cymodocea nodosa), un auténtico bosque submarino que daba refugio a centenares de especies y sostenía uno de los ecosistemas más valiosos de la bahía. Hoy apenas sobreviven pequeños brotes residuales de aquel hábitat, desaparecido principalmente por la alteración de la dinámica natural de los sedimentos y la progresiva acumulación de arena.
Paco Farray se asoma a los extinguidos sebadales de la Playa Grande de Las Canteras en los años cincuenta.

Los sebadales de Las Canteras fueron uno de los ecosistemas marinos más valiosos de la playa y desempeñaron un papel fundamental en su biodiversidad. Hoy sobreviven solo pequeños brotes residuales de aquellas extensas praderas submarinas.

¿Qué son los sebadales?

Los sebadales no son algas, sino praderas de una planta marina, la Cymodocea nodosa, una fanerógama marina endémica de la Macaronesia y el Mediterráneo. Forman auténticos “bosques submarinos” sobre fondos arenosos poco profundos.

Sus principales funciones son:

  • Producir oxígeno.

  • Fijar y estabilizar la arena del fondo.

  • Reducir la fuerza de las corrientes.

  • Servir de refugio, alimento y zona de cría para cientos de especies marinas.

  • Actuar como sumidero de carbono, ayudando a combatir el cambio climático.

El antiguo sebadal de Las Canteras

Hasta mediados del siglo XX, aproximadamente el 75 % del fondo arenoso de Las Canteras estaba cubierto por sebadales. Aquellas praderas albergaban una enorme riqueza biológica:

  • Caballitos de mar.

  • Carmelitas (Myrichthys pardalis).

  • Chocos.

  • Pulpos.

  • Abanicos.

  • Centollos.

  • Viejas.

  • Etc.

Era uno de los ecosistemas más importantes de la bahía.

Hace unos años, la Concejalía de Playas, en colaboración con la Universidad, intentó restaurar varios mantos de Cymodocea nodosa mediante una plantación experimental. Sin embargo, la iniciativa no tuvo éxito y el proyecto fracasó.

¿Por qué desaparecieron?

La principal causa fue la acumulación de arena dentro de la dársena.

Antes de la urbanización del istmo de La Isleta, los temporales redistribuían la arena entre la bahía de El Confital, Las Canteras, Los Arenales y las playas de naciente del istmo.

La gran urbanización del istmo interrumpió el viaje natural de la arena. Incapaz de seguir su camino hacia sotavento, arrastrada por los alisios, comenzó a acumularse en Las Canteras. Desde entonces, la playa no ha dejado de ganar arena y la dinámica litoral continúa desplazando esos sedimentos hacia la dársena de La Puntilla, cuyos fondos se colmatan progresivamente.

Ese exceso terminó enterrando los sebadales, impidiendo que recibieran luz y pudieran desarrollarse.

Una desaparición documentada

Los estudios científicos muestran un declive muy acusado:

  • 1962: unos 54.000 m² de sebadal en buen estado.

  • 1998: apenas 6.000 m², ya degradados.

  • 2003: solo 3.437 m², en clara regresión, con numerosos rizomas muertos.

La carmelita, uno de los peces que más ha sufrido por la pérdida de los sebadales.

Consecuencias ecológicas

La pérdida del sebadal provocó:

  • La casi desaparición del caballito de mar de Las Canteras.

  • El descenso de especies o desaparición como la carmelita, centollos, abanicos y otros moluscos, etc.

  • Una menor diversidad de peces e invertebrados.

  • Una reducción de la capacidad natural del ecosistema para fijar sedimentos y absorber carbono.

Un ecosistema protegido

La bahía de El Confital y el área marina de La Isleta forman parte de la Red Natura 2000, precisamente por el valor de sus hábitats, entre ellos los sebadales. Su conservación es prioritaria para la biodiversidad marina de la isla de Gran Canaria.

Como curiosidad, aunque hoy muchas personas llaman “sebas” a las grandes arribazones de algas pardas que llegan a la playa, esas acumulaciones no son los antiguos sebadales. Se trata principalmente de macroalgas del género Lobophora, un fenómeno distinto al de las praderas de Cymodocea nodosa.

Este es uno de los capítulos menos conocidos de la historia natural de Las Canteras: bajo sus aguas existió durante décadas un auténtico bosque o jardín submarino que fue esencial para la riqueza biológica de la playa.

Varias fuentes

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