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Años 80: cuando el futbolista internacional Rafael Gordillo veraneaba en una chabola de El Confital

Antes de convertirse en uno de los espacios naturales más importantes de la ciudad, El Confital era un lugar con una vida propia, ligado a la memoria de los vecinos de La Isleta. Entre sus casetas y chabolas junto al mar se escribieron muchas historias, algunas tan curiosas como la de Rafael Gordillo.

El mítico futbolista del Real Madrid y la selección española encontró en este rincón humilde su refugio durante los veranos de los años 80, donde, lejos de los focos y del lujo, disfrutaba de la tranquilidad, las parrandas y el ambiente cercano de un El Confital que hoy solo permanece en la memoria de quienes lo vivieron.
Gordillo, en el centro de la imagen del Diario de Las Palmas, rodeado de confitaleras.

Antes de convertirse en uno de los espacios naturales más singulares de Las Palmas de Gran Canaria, El Confital era un lugar muy diferente al actual. Durante décadas fue un rincón ligado a la vida de los vecinos del barrio de La Isleta, con pequeñas construcciones, infraviviendas y chabolas donde muchas familias pasaban el verano junto al mar.

Aquel El Confital tenía una identidad propia: era un lugar de encuentro, de baños en la marea, de reuniones familiares al atardecer y de una forma de disfrutar del verano mucho más sencilla.

Entre sus muchas historias permanece una especialmente curiosa: la de Rafael Gordillo, uno de los grandes futbolistas españoles de los años 80, que encontró en esta zona de La Isleta su particular refugio lejos de los focos mediáticos.

Gordillo, internacional con España y jugador del Real Betis y del Real Madrid, solía pasar sus vacaciones en El Confital alojándose en la humilde caseta de unos familiares políticos. La imagen llamaba la atención: una estrella del fútbol que podía disfrutar de los mejores hoteles prefería una pequeña construcción junto al mar, compartiendo tiempo con los vecinos y viviendo el ambiente popular de la zona.

En julio de 1987, en una entrevista concedida al Diario de Las Palmas, el futbolista explicaba su relación con aquel lugar: «El Confital es un sitio muy especial». Allí, decía, había aprendido a jugar al envite y a disfrutar de las parrandas con amigos canarios.

«Tengo una habitación en un hotel de cinco estrellas, pero en El Confital me siento muy a gusto», reconocía.

Para Gordillo, la diferencia estaba en la libertad. «Lo que representa la hostelería, con todo el lujo de hoteles que vivimos durante la temporada, está muy bien, pero aquí me siento libre, me siento yo mismo».

Su vida en El Confital era sencilla: levantarse temprano junto al mar, contemplar Las Canteras a lo lejos, el horizonte y el Atlántico, tomar un café con leche, comer algo de pescado frito y compartir conversación con quienes disfrutaban de aquel rincón de La Isleta.

Era un contraste llamativo para un futbolista que llenaba estadios y que estaba acostumbrado a la presión de la competición. En El Confital dejaba atrás la fama y se convertía en uno más. Los niños se acercaban para pedirle fotografías, los vecinos lo saludaban y Gordillo respondía siempre con cercanía.

Las tardes transcurrían entre amigos, guitarras, timples y reuniones improvisadas en las infraviviendas. Allí encontraba una forma de vida sencilla que, según sus propias palabras, le permitía «romper con todo».

«Vine la primera vez aquí a una caseta de un concuño mío hace unos seis años y me enamoré de El Confital. Este es un sitio donde rompes con todo», recordaba en la entrevista de 1987.

La historia de Rafael Gordillo refleja una época en la que El Confital no era solo una playa, sino un espacio de convivencia de las gentes del barrio. Aunque la marginación y la droga rompieron en parte el sueño de muchos, sobreviven miles de historias de gente humilde disfrutando del sol y del mar en los charcos de El Confital.

La elección de Gordillo decía mucho de aquel lugar: para él, el verdadero valor de El Confital no estaba en el lujo, sino en sus aguas, sus paisajes y, sobre todo, en el ambiente humano de aquel rincón de La Isleta.


Gordillo con la camiseta del Real Betis

Rafael Gordillo Vázquez, una leyenda del fútbol español

Rafael Gordillo Vázquez nació en Almendralejo (Badajoz) el 24 de febrero de 1957, aunque su trayectoria quedó ligada especialmente a Sevilla y al Real Betis Balompié. Considerado uno de los mejores laterales izquierdos españoles de la historia, destacó por su potencia física, su capacidad ofensiva y una forma de jugar muy característica.

Se formó en la cantera del Betis y debutó con el primer equipo en 1977. Con el conjunto verdiblanco se convirtió en uno de sus grandes ídolos y fue protagonista del título de Copa del Rey conquistado en 1977.

En 1985 fichó por el Real Madrid, donde coincidió con la Quinta del Buitre y vivió la etapa más brillante de su carrera. Con el equipo blanco ganó cinco Ligas consecutivas, una Copa de la UEFA, una Copa del Rey y varias Supercopas.

Con la selección española disputó 75 partidos internacionales y participó en los Mundiales de España 1982 y México 1986, además de varias Eurocopas. Fue subcampeón de Europa en 1984.

Tras su etapa madridista regresó al Betis en 1992 y terminó su carrera profesional en el Écija Balompié en 1996.

Pero más allá de sus títulos y reconocimientos, la memoria de El Confital guarda otra imagen de Rafael Gordillo: la del futbolista que, en pleno éxito profesional, prefería la sencillez de una caseta junto al mar y sentirse uno más entre los vecinos de La Isleta.

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