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La Gran Marina: el macroproyecto del istmo que naufragó antes de empezar

En 2004, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria presentó con gran expectación un ambicioso proyecto urbanístico llamado La Gran Marina, destinado a transformar por completo el istmo de Santa Catalina. El plan prometía un "salto de futuro" para la ciudad: un gran espacio residencial y de ocio con torres de viviendas de lujo, hoteles, marinas deportivas y zonas comerciales, en un área comprendida entre Las Canteras y el entorno portuario.
Infografía de la "Gran Marina"

El concurso contó con la participación de arquitectos de prestigio internacional, lo que aumentó la visibilidad del proyecto y generó una enorme expectación en la sociedad isleña. Fue motivo de disputas políticas y llenó de titulares la prensa local.

El proyecto, lanzado entre finales de 2004, pretendía transformar una amplia franja portuaria del istmo de Santa Catalina.

Se imaginó un puerto deportivo con 1.500 amarres, un hotel de lujo de 30 plantas, soterramiento de carreteras, zonas verdes, aparcamientos y espacios recreativos, diseñado por prestigiosos arquitectos como César Pelli, Rafael Moneo, Carlos Ferrater, Ben van Berkel, Nichizawa & Sejima y Grimshaw.

Propuesta de Pelli

Sin embargo, pronto surgieron las primeras sombras. El Colegio de Arquitectos de Gran Canaria denunció irregularidades en el procedimiento del concurso, al considerar que se trataba de un proceso con condiciones poco claras y con ventajas indebidas para determinadas propuestas. La polémica se avivó cuando se señaló que el concurso no se ajustaba a la legalidad vigente en materia de contratación pública.

La alcaldesa Luzardo propuso a la ciudadanía que llevara una pulsera verde, que ella misma donaba, para demostrar su apoyo a La Gran Marina.

A las críticas de los profesionales se sumaron las voces de colectivos ciudadanos, urbanistas y ecologistas, que alertaban de que La Gran Marina respondía más a intereses especulativos que a un verdadero plan de ciudad. Se cuestionó la elevada densidad de edificaciones, la privatización de espacios públicos y la falta de transparencia en un proyecto que, de haberse materializado, habría cambiado de forma radical la fisonomía del istmo.

Bruselas y el Ministerio de Fomento señalaron que el proceso violaba directivas comunitarias de contratación pública. En 2005, el Consejo de Estado declaró nulo el concurso de pleno derecho, lo que sentenció el proyecto.

La crisis económica de 2008 terminó por olvidar el concurso. La burbuja inmobiliaria estalló, la inversión privada se evaporó y La Gran Marina quedó en un cajón, convertida en uno de los grandes ejemplos de proyectos urbanísticos fallidos de la capital grancanaria.

En la actualidad, dos décadas después, La Gran Marina es recordada como una oportunidad perdida para algunos y como un alivio para otros, que consideran que la ciudad se libró de un modelo de crecimiento desmesurado y poco sensible con la identidad de Las Palmas de Gran Canaria.

El fracaso de La Gran Marina no supuso el final de las propuestas urbanas para el istmo. En su lugar, han surgido y están en marcha nuevos proyectos como el acuario Poema del Mar (inaugurado en 2017), la pasarela Onda Atlántica (inaugurada en 2021) y el parque urbano proyectado entre la pasarela y el acuario, destinados a revitalizar el puerto sin una transformación drástica como la propuesta en diciembre de 2004.

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