1. ¿Debemos usar fotoprotección todos los días?
Sí, ¡aunque no vayamos a la playa o a la piscina! La radiación solar está presente durante todo el año, incluso en invierno o cuando el cielo está nublado. No solo importa el sol que vemos, sino también el que no vemos.
La clave está en el índice ultravioleta (UVI), que mide la intensidad de la radiación solar. Si el UVI es 3 o superior, ya se recomienda usar fotoprotección, especialmente en las zonas expuestas. En muchas ciudades de España, por ejemplo, el UVI supera ese valor durante varias horas al día, también en primavera o en días nublados.
La exposición solar acumulativa sin protección acelera el envejecimiento cutáneo, favorece la aparición de manchas y eleva el riesgo de cáncer de piel. Aplicar fotoprotector a diario en las zonas expuestas (rostro, cuello, dorso de las manos) es una medida sencilla, eficaz y avalada por la ciencia para prevenir esos daños.
2. ¿Cada cuánto y qué cantidad de protector solar hay que ponerse?
Según los estudios que evalúan la eficacia del protector solar, para que un producto con factor de protección solar (FPS) 50 funcione como promete, deberíamos aplicar 2 miligramos por cada cm² de piel. Traducido a algo más práctico: eso supone unos 30-35 mililitros (mL) por aplicación en un adulto, lo que significa que un bote de 250 mL apenas duraría 2 o 3 días si lo usáramos de forma estricta.
Pero seamos realistas: en el día a día casi nadie se pone tanta cantidad ni con esa frecuencia, lo que reduce considerablemente la protección. Por esto, es muy importante reaplicar el fotoprotector cada 2 horas, hacerlo al sudar o bañarse, usar SPF 50 y complementar la fotoprotección tópica con otras medidas.
3. ¿Y si está nublado o estoy en casa?
¡También hay que protegerse! Aunque las nubes bloquean parte de la radiación solar, dejan pasar entre el 30 % y el 80 % de los rayos ultravioleta, por lo que el riesgo para la piel persiste. Sobre todo son peligrosos los rayos UVA: responsables del envejecimiento prematuro, atraviesan fácilmente las nubes y también el vidrio de ventanas, lo cual implica que pasamos muchas horas expuestos sin darnos cuenta (en la oficina, en el coche o en casa).
Por otro lado, la luz azul que emiten los dispositivos digitales –como móviles, tabletas y pantallas LED– y su papel en el fotoenvejecimiento ha cobrado creciente interés. Aunque aún se necesitan más estudios clínicos para entender su impacto exacto en la piel sana y establecer estrategias óptimas de fotoprotección, estudios preclínicos sugieren que podría agravar condiciones cutáneas como el melasma, la hiperpigmentación postinflamatoria y ciertas dermatosis. Por ello, se recomienda precaución en pieles sensibles o con alteraciones pigmentarias, y considerar una protección de amplio espectro en caso de exposiciones prolongadas a luz azul en interiores.
4. ¿Desde qué edad puede usarse?
Desde los seis meses de vida. Antes de esa edad, no se recomienda exposición directa al sol y se debe priorizar la protección física: ropa, sombrilla y sombra. A partir del medio año, ya se pueden aplicar al bebé fotoprotectores pediátricos específicos, formulados con filtros físicos (minerales) y sin ingredientes irritantes.
5. ¿Existe el fotoprotector “pantalla total”?
No. El concepto de “pantalla total” es un mito. Ningún protector solar bloquea el 100 % de la radiación. Sin embargo, si lo aplicamos bien y lo combinamos con otras medidas, podemos proteger nuestra piel de forma muy eficaz. Por eso, lo ideal es usarlo siempre acompañándolo con estas acciones:
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Evitar el sol en las horas centrales del día (entre las 12 y las 16 horas).
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Usar gorra, sombrero, gafas de sol y ropa que cubra bien la piel expuesta.
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Buscar la sombra siempre que sea posible.
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Hidratarnos y complementar nuestra alimentación con alimentos antioxidantes.
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Considerar la fotoprotección oral (suplementos nutricionales) como complemento, para alcanzar aquellas zonas donde la protección tópica no es suficiente.
6. ¿Cómo elegir un buen fotoprotector?
Es importante considerar diferentes aspectos, fijándonos en que:
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Tengan FPS 50 y protección UVA (verifique que lo indique con sus logos).
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Protejan también frente a luz visible e infrarroja (especialmente en pieles con melasma o rosácea).
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Contengan antioxidantes.
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Y muy importante: que nos guste su textura. Solo así nos lo aplicaremos bien y con regularidad.


