¿Me llamará otra vez?

Por Jesús Gutiérrez Diego

Todos los días laborables de la semana, camino una hora, mas o menos, deprisa, deprisa, por el increíble Paseo de la Playa de Las Canteras de la capital Gran Canaria. Raro, muy raro es que el tiempo, siempre benigno me lo impida. Durante estos últimos veinte años, no he vivido grandes anécdotas en mi caminar. Lo más notable ahora, es que todos lo hacemos enmascarados y a ser posible, por nuestra derecha.

He visto gentes de todo tipo y nacionalidad, pidiendo limosna, durmiendo en los bancos mas cobijados bajo los parterres, surfistas con los pies desnudos, músicos, saltimbanquis, funambulistas, vendedores de baratijas, vendedores de la ONCE y de otras loterías, carnavaleros, perros con dueños despistados, palmeras caribeñas comidas por la mosca blanca, guardias a pie, en bicicleta  o segway,  y hasta una pardela cenicienta cobijada debajo de un banco, intentando pasar desapercibida.

Pero el lunes 22 de febrero de 2021, aún en la era del COVID-19, en un banco de madera, bajo un hermoso parterre de trepadoras Trompeteras, las llamo yo, con sus gigantes flores amarillas, en forma de trompetas, observé al paso a dos mujeres, ambas con mascarilla, sentadas en el mismo. Una de ellas musulmana, muy mayor, con su atuendo tradicional y con Tasbih de rezos entre sus manos. La otra, una señora mayor también, algo entrada en carnes y muy bien vestida, se dirigió a mí, ya que la musulmana no debía comprenderla:

 -¿Caballero, me podría hacer un favor?

 -Usted, dirá señora-la contesté, parando el paso ligero.

 -Me han llamado por el móvil y han colgado antes de que yo pudiera responder. ¿Usted cree que me volverá a llamar?

 La señora me lo puso muy difícil ante tan inusitada pregunta, que tardé en contestar, fingiendo que no la había oído por los cascos que yo llevaba, escuchando noticias y música de la radio de F.M.

 -Ah, que no me oía-dijo. Y me repitió la misma enigmática pregunta.

 -Si es para venderle algo- le dije-seguro que le volverá a llamar, señora. Lo hacen siempre, a veces, todas las semanas para que cambie de compañía telefónica o de seguros.

 -No, no. Es un amigo. ¿Usted  cree que debo moverme de este banco o esperar aquí? Es que tengo bastantes dificultades para caminar y sacar a la vez el teléfono.

Pero, ¿Usted cree que me volverá a llamar? Dígame que le parece a usted.

 -¿Quiere que le llame yo con mi teléfono móvil?- insinué dispuesto a ayudarla.

 -No, que va, si no se el número. Es que yo no puedo llamar con este teléfono móvil pues es para solo recibir llamadas. Pero, dígame ¿usted piensa que me volverá a llamar?

 -Pues yo creo  que si es un buen amigo, le volverá a llamar sin duda. Pero si no la llama es un mal amigo.

 -Ya, claro. Pero, ¿Me llamará otra vez?  ¿Usted que cree? ¿Me quedaré sentada en el banco hasta que llame?

 En ese momento, sonó el móvil de la señora. Era un móvil muy pequeñito, no un smartphone, de esos que solo tiene teclas abultadas y una pantalla muy chiquita, no táctil. Yo aproveché para continuar caminando, no obstante creí escuchar que la señora contestó: ¿Eres tú, Papá?

Estuve a punto de decirle que si su amigo era cartero, seguro que le volvería a llamar, pues, “El cartero siempre llama dos veces” (The Postman Alwais Rings Twice), título de la novela negra del autor estadounidense James M. Cain en 1934. Que mas tarde, en 1946, bajo la dirección de Tay Garnett, fue llevada al cine, e interpretada por Lana Turner y John Garfield. En 1981, fue nuevamente llevada a la gran pantalla por Bob Rafelson, e interpretada por unos auténticos monstruos interpretativos del cine, Jack Nicholson, Jessica Lange y Jhon Garfiel.

 No obstante, yo quedé muy impactado por este encuentro tan atípico, jamás me había ocurrido nada semejante, ni siquiera parecido; de tal forma que me atrevo a trasladarles a ustedes, queridos lectores, mi zozobra: ¿Ustedes creen que el amigo de la señora le volverá a llamar?

 Yo espero  encontrarla en el mismo banco otro día para preguntarle por su amigo. Les tendré informados.

 

                                                               F I N (de momento)

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