Atlante en tiempos de pandemia, 24 aniversario de la muerte del escultor

Sin abrazos, ni besos, con esa máscara que nos oculta la parte más sensual del rostro y que nos hurta los labios y nos filtra la palabra. 24 años celebrando un encuentro cálido y emocionado con el creador Tony Gallardo (mi padre) o más bien con su creación a los pies del Atlante, frente al paisaje de mi/ su Playa de las Canteras de la infancia, acompañado de su musa y compañera de vida Mela y mis hermanos Germán y Marcos, esta vez sin nietos, desperdigados por la geografía planetaria.

En estos tiempos de pandemia se me ocurre un diálogo entre dos de sus obras ciclópeas (el Atlante, Rincón en Gran Canaria y El Gigante del Bosque, Leganes, Madrid) porque para mí estos enormes volúmenes de piedra creados por el escultor tienen alma animada y hablan, hablan mucho, desarrollan un diálogo asombrado, casi incrédulo desde la altura de colosos, sobre nuestro tiempo y actúan como espejos, incógnitas, provocación y emoción. Canarias-Madrid-Canarias otro interesante binomio que recorren estas piezas de vida y arte.

Los Cíclopes continúan su animado diálogo que nunca languidece, mientras la familia arroja una docena de rosas rojas al mar como testimonio de amor infinito. El escultor trasciende un año más en su obra. Tony Gallardo Campos

 

Tony Gallardo trabajando en El Atlante en 1986

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