Lolita Pluma ejerció su reinado en el Parque Santa Catalina, el corazón del «Puerto», sobre todo en un momento de gran cambio social y económico de nuestra ciudad, cuando aquel recinto se convirtió en centro de reunión y esparcimiento del turismo nórdico que comenzó a visitar Las Palmas de Gran Canaria a finales de los años cincuenta.
El apodo de Pluma le viene de herencia. Ya lo recibían su abuelo y su padre, pues eran de los pocos que sabían escribir con pluma en aquel entonces. Se casó, se separó y se trasladó al parque Santa Catalina, donde se dedicó a vender flores de papel, chicles y, más tarde, sus fotografías.
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