Hubo un tiempo en que, para comer en un restaurante de Las Canteras, no hacía falta caminar por el paseo ni sentarse en una terraza frente al mar. Bastaba con bajar a la arena. Allí, prácticamente dentro de la propia playa, se encontraba uno de los establecimientos más singulares y recordados de la historia de nuestra playa: la caseta de Galán, también conocida como el balneario de Las Delicias.
Era un restaurante, merendero y balneario construido directamente sobre la arena, a la altura de la actual calle Sagasta. Su presencia formaba parte de aquel paisaje de Las Canteras de las primeras décadas del siglo XX, cuando todavía no existía el paseo marítimo tal y como hoy lo conocemos y las olas de las grandes pleamares llegaban prácticamente hasta las casas y la carretera.
La caseta fue promovida por Antonio Galán, natural de Cádiz, y las referencias históricas la sitúan ya en funcionamiento durante las primeras décadas del siglo XX.
Su ubicación era realmente singular. El establecimiento se levantaba sobre la misma arena de Las Canteras, apoyado sobre pilastras, y se encontraba entre las calles Gran Canaria y La Palma, frente a otros populares restaurantes de la época: Bar Farol y Bar Toledo, situados en el entorno de Sagasta.
La caseta de Galán fue el único chiringuito de playa -era mucho más que un chiringuito…- en la historia de Las Canteras.

Era mucho más que un restaurante. La construcción, fundamentalmente de madera, cumplía también las funciones de balneario y merendero. Allí acudían los primeros veraneantes de la playa para cambiarse de ropa y pasar el día junto al mar.
En las fotografías de los años veinte y treinta se aprecia un paisaje que hoy cuesta imaginar. No existía todavía el actual paseo de Las Canteras y los coches llegaban por una vía de tierra situada junto a la playa. Los toldos, las casetas familiares, los vendedores de helados y los barquillos de vela latina formaban parte de aquel escenario veraniego.
La caseta de Galán aparece en varias de esas imágenes históricas, convertida en uno de los elementos más reconocibles de la Playa Grande.
También era una época en la que la cantidad de arena era muy inferior a la actual y el comportamiento del mar sobre la playa era diferente. La marea alcanzaba zonas que hoy permanecen alejadas de la orilla debido a la enorme acumulación de arena experimentada por Las Canteras durante las últimas décadas.
La caseta de Galán llegó a convertirse en un importante punto de encuentro de la sociedad de la época. Por allí pasaban vecinos de la ciudad, personas pudientes procedentes de los barrios de Vegueta y Triana, visitantes peninsulares y extranjeros. Su restaurante llegó a tener fama, especialmente por las langostas que se preparaban en su cocina.
Pero su clientela no se limitaba a quienes acudían a comer después de bañarse.
La caseta también fue lugar de reunión de comerciantes, escritores y miembros de las clases acomodadas de la ciudad. Una fotografía conservada de una comida celebrada en el establecimiento muestra, entre otros, a Tomás Morales, Alonso Quesada, Saulo Torón y Rafael Cabrera, reflejo del ambiente cultural que también frecuentaba aquel singular restaurante (foto inferior).

Aquella imagen nos permite entender que la caseta de Galán no fue únicamente un restaurante de playa. Durante aquellos años fue también un pequeño centro de encuentro social y cultural en pleno corazón de la playa de Las Canteras.
Según reseñas históricas, algunos niños se introducían bajo la estructura porque los usuarios de la caseta les arrojaban monedas. También se cuentan historias relacionadas con la curiosidad de algunos muchachos que aprovechaban los huecos de la construcción para intentar ver a las mujeres mientras se cambiaban para ponerse el bañador.
Son pequeñas historias que ayudan a imaginar cómo era la vida alrededor de aquel establecimiento hace casi un siglo.
La historia de la caseta de Galán terminó de manera repentina.
En la madrugada del 27 de noviembre de 1935, el establecimiento sufrió un incendio que acabó destruyéndolo por completo. En aquel momento estaba arrendado a Manuel Teixeira.
Según las notas históricas conservadas, el fuego comenzó en la cocina y pudo estar provocado por un cortocircuito ocasionado por la humedad de los cables eléctricos después de las intensas lluvias registradas la tarde anterior. El local y todo su mobiliario quedaron completamente calcinados.
Con aquel incendio desapareció uno de los establecimientos más populares de Las Canteras.



