“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Domingo de ambiente primaveral: intervalos nubosos

Para curarse en salud, lo mejor Las Canteras por José M. Balbuena

Dicen que dolencias de pulmón y corazón colapsan las urgencias del hospital Dr.Negrín. Esta noticia parece una crítica a la situación caótica de la sanidad pública canaria, que parece no levantar cabeza debido a que también está enfermita, la pobre. Pero, al mismo tiempo, podría ser un toque de atención para la mayoría de los políticos y de la población de esta isla, pero no para los que ejercen la Medicina, o para quienes sienten alguna preocupación por el medio ambiente y salubridad de esta ciudad atlántica.

He mantenido conversaciones con amigos médicos y me indican que algunos esos síntomas que se mencionan pueden que continúen aumentando, principalmente en los grandes núcleos urbanos, por razones obvias, entre otras, la contaminación que nos rodea que penetra en nuestro cuerpo y que el organismo no puede metabolizar y, por tanto, termina enfermándonos. Aparte, claro está, de otras causas y factores que provienen de la situación económica de los pacientes, de sus estrés, del paro, del desengaño, de su frustración, de su falta de perspectivas de futuro, etc. Pero esas son otras cuestiones.

Una de las fuentes de tal contaminación son los permanente gases tóxicos que respiramos y que proceden, principalmente de la combustión de los vehículos de motor, alimentados con gasoil o gasolina. Si algún transeúnte tiene la curiosidad de pasar sus dedos por cualquier pared de una calle con abundante tráfico, e, incluso, por un árbol o una baranda, se los llenará de hollín. “Ese hollín penetra también en nuestros pulmones, en la sangre, en el cerebro…” , me dice uno de estos amigos.

No sé si este hombre exagerará o no, pero creo que no es para tomárselo a broma. De hecho, las grandes ciudades son insufribles e irrespirables. Aconseja, dentro de nuestras posibilidades, que hagamos una vida lo más sana posible para paliar ese cotidiano envenenamiento que experimentamos a diario. Una fórmula que no cuesta mucho, señala este amigo, es que caminemos, corramos por esa espectacular avenida o playa de las Canteras, donde podemos respirar un aire puro, yodado, pleno de olores marinos que llenen los pulmones y desintoxiquen nuestro cuerpo. “Es uno de los lugares más sanos de este ciudad”, puntualiza. A no ser que, como ocurre a veces, circulen por allí coches de policía, o máquinas que emiten, aparte de ruido, gases tóxicos…

También recomienda paseos por los bosques de nuestra isla, por nuestras montañas, por los parques con abundante arboleda, y por esas otras playas que abundan en nuestro litoral. Siempre que se realice esa actividad con el máximo respeto al entorno, a la naturaleza, y tomemos medidas para evitar las quemaduras de la piel por la larga exposición a los rayos solares. Deben, por tanto, evitarse esas calles con demasiado tráfico porque, mientras se compra o se pasea, se estará envenenando al mismo tiempo, lo cual no es recomendable.

Como hemos visto, son consejos sencillos y bastante racionales que esperemos que acepten cada vez más, quienes se hacinan en ciudades ruidosas, polucionadas y, en ocasiones, apestosas.

No es una diatriba contra las prospecciones de petróleo, sino un aviso de lo peligroso que puede ser este hidrocarburo -junto al gas- que nos imponen las multinacionales petroleras, y, claro, fabricantes de vehículos que usan este combustible y los intereses o inclinaciones de determinados políticos a los que, por lo que se ve, les importa poco nuestra salud y la de todos los habitantes de este planeta, ya de por sí bastante deteriorado. Retrasan todo lo que pueden las energías alternativas. Eso, por lo que se ve, les dará poco beneficio…

¡Hala, a pasear por Las Canteras!, que ya otro día hablaremos de nuestra sanidad pública, que por cierto, a juzgar por las quejas de los usuarios, goza de “muy mala salud”.

Texto: José M. Balbuena Castellano

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