“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Mediodía de playa: calor, algunas nubes altas. Calimoso

El jardinero del parque Santa Catalina es un verdadero artista

A Francisco Báez

 

UN PARTERRE CON EL MAS BELLO BOUQUET DE FLORES

A la entrada de la ciudad por la parte del muelle Santa Catalina, se ofrece al visitante un parque que cada día es más bello. La actividad y buen gusto de un hombre son los elementos que vienen consiguiendo dar a esta parte de la población ese aspecto de las grandes capitales. Y para lograr esta apariencia, nada como los jardines. Las modernas urbes se conciben bajo el palio de amplia floresta. Cuanto más flores, más atractivas. Y es que la nueva arquitectura propende a dotar a los pueblos de iguales perspectivas y encantos que una casa. Una calle recta, ancha, limitada por altos edificios, carecería de hermosura si no tuviese el adorno del ramaje de una fila de árboles en sus flancos. Un chalet sin jardín es algo triste. Las flores es como si dieran vida a lo que les rodea. La más humilde vivienda, al conjuro de las plantas, diríase que quiere ser palacio. Estas ideas y otras adquiridas en el diario contacto con rosas, claveles y crisantemos, son las que mueven al Jardinero del Parque Santa Catalina a renovar constantemente el suelo arenoso sobre el que se levantan aquellos jardines, para obtener cada vez matices más bellos y ejemplares más arrogantes y briosos.

La antesala de Las Palmas, esa admirable terraza que llega al mar y sirve de acceso a la ciudad, tiene jardines porque un jardinero cuidadoso los atiende con celo, mimo y esmero.

Encanta contemplar a este jardinero del Parque Santa Catalina pendiente de los jardines, acechando el desarrollo de los árboles para ayudarles a vivir tan pronto descubre que sus raíces no pueden extenderse. Cada parterre es un cromo. Los crisantemos blancos, las dalias multicolores, las margaritas, las siemprevivas, componen deliciosos tapices. Palmeras de la más variada elegancia. Pinos breves como pequeños fantasmas velando por la madreselva.

Ayer hemos hablado con este creador de jardines. Se hallaba dirigiendo unos trabajos en una de las explanadas junto a la marina, cambiando la arena del lecho por la jugosa y vivificante tierra. Francisco Báez es el nombre de este artista. No ha estudiado Botánica, ni ha cruzado por las aulas de los Institutos; pero conoce a las flores y tiene sentido de la estética, por instinto. Sin conocimientos técnicos, es capaz del más atrevido de los injertos. Y sin nociones de geometría, dibuja con singular destreza el contorno de un cuadro.

En otra ocasión nos hemos ocupado ya de Francisco Báez. Fue con motivo de haber salvado la vida a un pobre laurel que moría porque sus garras eran débiles. Los laureles del Parque están hoy frondosos. Francisco los cuida con cariño. Pero ayer, hemos sabido otra cosa de Francisco, y de ahí el reportaje.

POR QUE DEBE USTED PROTEGER A LOS ANIMALES Y A LAS PLANTAS

Nada tan interesante como hallar una persona que uno cree que pasa por el mundo indiferente a su contenido, y encontrar luego que además de ser útil a la humanidad, se afana por ella y se preocupa de otras facetas que no suelen gozar de la general protección. Cúmplenos decir que Francisco Báez ha podido hacer todo lo que ha hecho en el Parque de Santa Catalina -¡qué magnífica perspectiva la que ofrecería la ciudad, con un parque como ese, desde el puerto a Las Palmas!- porque ha hallado en el Ingeniero Director de la Junta de Obras del Puerto, señor Artiles, cuanto a protección y apoyo ha necesitado. Es más; el señor Artiles, en este orden, ha sido estímulo para que tengamos los únicos jardines del Puerto. Pero Francisco Báez, no sólo cuida de sus flores, de sus plantas y de sus árboles, sino que, cultivado ya su espíritu en nuevas acepciones, contaminado en ese ambiente perfumado inmaterial de la belleza, extiende su atención hasta los animales. Y hombre que necesita del trabajo para vivir, emplea parte de sus jornales en divulgar hojas de educación humanitaria y cultural.

“Sí, me intereso por los animales. En estos años que llevo mimando a las flores, me he dado cuenta de que esos seres sienten. Debemos proteger a las plantas. Pero ¿por qué abandonar a los animales? Ellos merecen que les cuidemos también”.

“He hecho imprimir miles de hojas divulgadoras, junto con otra persona que se desvela igualmente por los animales. Tenemos pequeñas aportaciones de otros elementos que nos siguen”.

UNA LECCIÓN PARA LOS DE ARRIBA

Así parece ser. Una lección para el que está arriba. Los que están abajo apenas si tienen tiempo para sus ocupaciones. Y las horas libres, son de descanso de la penosa jornada. Este caso de Francisco Báez merece señalarse. No solo ha hecho prodigios en esos jardines, sino que tiene en su corazón un sitio para los pobres animales abandonados. Nosotros repetimos con él: “Ayudad a esta obra humanitaria y tendréis buena suerte”.

Fuente: Recorte de prensa de la época.

 

 

Posando en el antiguo Parque Santa Catalina

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