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Años 50: cuando se alisó un trozo de Los Lisos a base de martillazos

En la imagen de portada vemos, a la izquierda, la Peña del Piano (que ya no existe), y a la derecha, la zona alisada. Entre ambos puntos, aquellos jóvenes nadaban, como si fuera una piscina olímpica

Un hecho poco conocido para los habituales bañistas de El Charcón es el motivo por el cual el borde de Los Lisos, en su lado izquierdo, es tan «liso» (ver flecha foto superior).

Posiblemente no te habías fijado en este detalle. Esta es su pequeña historia:

Hace muchos años, a medidos de los años 50, un grupo de jóvenes formó en Las Canteras el “Club Peña de La Vieja” de natación.

Eran jóvenes soñadores con grandes aspiraciones deportivas. Entre sus miembros se encontraban los hermanos Gallardo: Tony, el escultor, y Carlos; además de Luis Domínguez (Wiso), Paco Bello y los hermanos Juan y Vicente García.

Su lugar de entrenamiento diario era la piscina natural de El Charcón, donde practicaban su deporte favorito: nadar. Lo hacían incansablemente hasta el agotamiento.

Una mañana se percataron de que la distancia entre la Peña de El Piano y el borde de Los Lisos era de 33 metros, exactamente la misma medida que la piscina del “Julio Navarro”.

Y no se les ocurrió otra cosa que alisar el borde de Los Lisos a base de martillazos para facilitar el giro al nadar.

Por lo tanto, estos nadadores canteranos se lanzaban desde la Peña de El Piano (que actualmente ya no existe debido a su colapso), nadaban hasta el trozo de marisco en Los Lisos que habían alisado a fuerza de martillo y escoplo, giraban allí y regresaban al punto de partida.

Esta piscina natural les resultó de gran utilidad, ya que se convirtieron en excelentes nadadores, y algunos de ellos llegaron a ser fichados por el Club Natación Metropole.

Trozo alisado de Los Lisos

Eran otros tiempos: la playa se utilizaba únicamente en verano y por las mismas familias. La falta de conciencia ecológica de la época no tuvo en cuenta el daño causado a las rocas con esta alteración.

Han pasado muchos años, y la cicatriz en Los Lisos persiste como un recuerdo imborrable de aquellos nadadores entusiasmados con la idea de convertirse en campeones.

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