El llamado mirador de El Lloret sigue hundiéndose. La superficie que lo acoge, asentada sobre un enorme bancal construido en los años cuarenta con fines agrícolas en terrenos ganados al mar, ha ido colapsando por efecto del oleaje, que ha abierto una gran cavidad a pie de rompiente.

Quienes paseen por la zona podrán observar los enormes agujeros que han aparecido en el terreno del mirador. Ambos socavones se agrandan con el paso del tiempo y con cada temporal de mar que socava la estructura. Debido a su peligrosidad, los dos han tenido que ser vallados.
Es cuestión de tiempo que la superficie del bancal colapse y ponga fin a este desangelado mirador, que nunca ha conocido días de gloria ni de limpieza.
El problema del colapso de este terreno, construido por el ser humano, es que pueda poner en peligro el pequeño camino que lleva al Atlante e incluso, exagerando quizá, comprometer la estabilidad de la autovía de salida hacia el norte.
Ya en abril de este mismo año denunciamos la aparición de un nuevo agujero, el más cercano al muro de El Lloret. Este socavón, que continúa aumentando de tamaño, también ha tenido que ser vallado por motivos de seguridad.

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