1957: llegan las suecas -y los suecos- a Las Canteras, y con ellas el bikini

Si alguna vez te has preguntado cuándo llegó el entonces transgresor bikini a Las Canteras, este artículo intenta aclararlo. A finales de los años 50, la playa aún respondía a un modelo de turismo recatado, dominado principalmente por visitantes anglosajones, hasta que la llegada del turismo escandinavo en 1957 cambió para siempre las costumbres en la ciudad.
Escandinavas posan en La Puntilla a principios de los años 60

Hasta entonces, a finales de los años 50, la playa de Las Canteras como destino turístico era un reducto para un turismo recatado, principalmente anglosajón.

Todo cambió cuando, en las Navidades de 1957, aterrizó en Gando un vuelo de la compañía sueca Transair AB con los primeros 54 turistas suecos.

Aquel vuelo fue el preludio de la revolución que se avecinaba para una ciudad tranquila, segura y pequeña que, en aquellos años -finales de los 50 y principios de los 60-, contaba con un censo aproximado de 170.000 habitantes.

En aquel avión procedente de Escandinavia, y en los que le siguieron, llegó un auténtico despertar para la contenida juventud local, en forma de cuerpos esculturales, melenas rubias y una libertad sexual tan natural y abierta nunca antes vista en la ciudad: fue una revolución en toda regla.

El turismo escandinavo se encontró con una ciudad tranquila, hospitalaria y con unas playas perfectas para solearse y, como era de esperar, llegó el bikini.

Años 70 en Las Canteras

Un auténtico bombazo: la avenida se llenó de mirones curiosos -de todas las edades y de todas las condiciones sociales- para contemplar aquellos cuerpos semidesnudos, nunca antes tan expuestos al sol. Hay que recordar que la juventud local, y los bañistas en general, especialmente las mujeres, debían incluso usar albornoz para pasear por la orilla o subir al paseo.

La irrupción del turismo sueco cogió a la Iglesia despistada, que veía en la libertad de las mujeres escandinavas un peligro para la juventud. El “desenfreno” por el bikini en Las Canteras fue de tal calibre que el obispo Antonio Pildain propuso, dado que el famoso bañador no se podía prohibir, dividir la playa en zona para hombres y zona para mujeres. Aquella medida no prosperó y bastó poco tiempo para que las mujeres canarias empezaran a usar esa revolucionaria prenda playera.

El auge del turismo de masas en la ciudad trajo aires de libertad y mucho dinero para el sector servicios y el ocio, aunque también algunas consecuencias menos positivas. Muchos vieron en él dinero fácil, y numerosas casonas del paseo y de la zona se derribaron rápidamente para levantar edificios turísticos. Hoy en día aún se pagan las consecuencias de aquel descontrol urbanístico, por no haber hecho las cosas pensando en el futuro.

A finales de los años 70, el negocio turístico del sur de la isla atrajo la actividad del sector. Las Palmas de Gran Canaria comenzó su decadencia como destino de masas. Muchos ya saben lo que ha pasado después…

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