Sobre la arena —sobre todo en la Playa Grande, la zona más turística de la joya capitalina— existe un mundillo totalmente fuera de la ley, que no cumple con las obligaciones que sí deben cumplir obligatoriamente otros comercios del paseo o del entorno: impuestos, tasas, permisos, etc.
Vendedores de complementos ilegales, de conocidas marcas falsificadas, masajistas orientales que ofrecen sus servicios a turistas sin ningún tipo de control sanitario —a diferencia de los profesionales titulados, que deben pagar impuestos y cumplir con condiciones higiénicas reguladas para ejercer sus terapias— pululan entre las hamacas y las toallas ofreciendo sus servicios.

En Las Canteras se permite infringir la ley libremente, mientras que, a pocos metros, los profesionales instalados en sus locales están obligados a pagar impuestos, seguros y autónomos.
Los vendedores playeros han pasado de ser una anécdota a convertirse en un montón. Por supuesto, las personas tienen derecho a buscarse la vida, pero creo que debe hacerse dentro de la ley, como todos los que poseen un negocio.
Con los años, en Las Canteras se ha sustituido el «¡hay Kalise, Kalise!» por el «bueno, bonito y barato».
Este “todo vale” hace que Las Canteras pierda su imagen de lugar de excelencia, convirtiéndola en un espacio vulgar y caótico.
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1 comentario
Alfonso
6 de diciembre de 2025Estos actos ensucian la imagen de la playa lamentablemente.