El curioso topónimo Cabezón Negro, llamado así especialmente por los confitaleros de toda la vida, hace referencia a una lengua rocosa que entra hacia en el mar en la playa confitalera.
En la actualidad resulta muy sencillo identificar el lugar del topónimo, pues coincide con el emplazamiento del último solárium del recorrido, al final (extremo norte) de la pasarela de madera.

El Cabezón Negro es un rincón que, además de brindar unas vistas únicas hacia la bahía de El Confital, conserva la memoria geológica de El Confital
Todo su entorno posee una notable riqueza paleontológica, pese a las décadas de expolios y al maltrato sufrido por la construcción de chabolas, pozos negros y otras agresiones.
Uno de sus hitos paleontológicos es un yacimiento de ostréidos (Ostrea offreti y Spisula subtruncata cf.), que nos permite hacernos una idea geológica de cómo era nuestra isla, cómo nació La Isleta y cómo era su fauna durante el Mioceno, hace unos 10 millones de años.

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